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CREATIVIDAD, EL ESTIGMA DE LA DISTINCIÓN

CREATIVIDAD, EL ESTIGMA DE LA DISTINCIÓN

Parece que la creatividad ha sido siempre un privilegio que han alcanzado unos pocos iluminados en el ámbito del conocimiento, de grupos intelectuales o artísticos. Por lo tanto, se ha acompañado de términos como innato, dotación genética; y se le ha concedido menos importancia a dicha creatividad vinculada con el ambiente.

Démonos cuenta de la importancia que adquiere la creatividad en una sociedad en permanente cambio gracias a la Era de la información y del conocimiento. Ya lo estudiamos con Prensky. Somos testigos de cómo determinados trabajadores con competencias como iniciativa y creatividad son requeridos por las empresas. Muy vinculada a esa creatividad conocemos el fenómeno denominado fuga de cerebros (brain drain)  que es la emigración de individuos de talento a otras naciones más desarrolladas. Luego si en España nuestras mentes más dotadas emigran, o son candidatas a hacerlo, puesto que la situación económica y laboral cada vez es más precaria, es vital que desde el ámbito educativo hagamos lo más posible por fomentar este tipo de competencia tan preciada socialmente.

Un momento; pero, ¿no es algo innato? Después de leer algo de GAZZANIGA y su “Cerebro Social” podría deducirse que a la creatividad le sucede lo mismo que al sistema biológico o nervioso, que aunque “está sometido a un estrecho control genético, dicho control no es absoluto”. Y para explicar esto, el autor metaforizaba con el curso que sigue el agua por el efecto de la gravedad, pero que puede ser contenida mediante una presa. El ejemplo brinda oportunidad a lo significativo que puede ser el ambiente en el desarrollo.

Demostrada la importancia del ambiente, se nos abre una puerta para potenciar la creatividad desde el contexto, porque es importante en el presente que estamos viviendo. Para ello tenemos que desprendernos de metodologías tradicionales, unidireccionales que concedan poca participación al alumno como vimos con Pozo Pérez. desgraciadamente tenemos un currículo prescriptivo, unas pruebas o exámenes (como las de CDI) que limitan la libertad de expresión de nuestros alumnos y reflejo de que también son limitadas las alas de los docentes, pero estos últimos poseen la suficiente capacidad y sentido crítico para actuar conforme a las necesidades y características de los que están en proceso de aprendizaje. Por lo tanto, se requiere un profesorado creativo si éste quiere fomentar dicha capacidad en los alumnos, para romper con los moldes y las disposiciones legales obsoletas, normalizadoras y los estándares que no conducen a una escuela constructiva. Consecuencia de la “rutinización” escolar no es raro encontrar alumnos con una alta creatividad y un bajo rendimiento, como algún que otro ejemplo que proponía el texto de STERNBERG.

Mucho nos preocupa la enseñanza de la lectoescritura porque es la herramienta fundamental en la sociedad occidental con la que acceder al conocimiento. Ahora bien, el incorporar ésta en niveles muy bajos de escolaridad  limita otros aprendizajes más espontáneos de los niños los cuales pueden incidir en la creatividad. (Cada vez se prescribe que sepan leer y escribir con menos edad. Antes se trabajaba en Educación Primaria pero es ahora en la etapa de Educación Infantil donde ha de ser un objetivo superado con la LOE).

En el norte de Europa la lectura y escritura se inicia con 7 años porque anteriormente han estado trabajando otra serie de capacidades que potencien el razonamiento, la lógica y la creatividad en un futuro no muy lejano.

Si en España nos limitamos a tareas mecánicas, a repetir fichas y a unas actividades rutinarias, poco sentido tiene la creatividad en nuestras aulas salvo para ornamentar cualquier documento legal con el fin de confundir más que orientar una correcta práctica educativa.

Tal vez interese que haya una población poco creativa y crítica, y muy consumidora que permita que el papel político y económico siga perteneciendo a unos pocos. Así, sin juicio crítico, con un perfil de ciudadano autómata, es más fácil presentar un producto mediante una creativa publicidad (realizada por aquellos pocos que pudieron escapar de la mecanización curricular gracias a una potente genética familiar, ya que el ambiente trató de amputársela).

La psicología social ha contribuido a verificar fenómenos en este sentido que requieren escaso procesamiento cognitivo, heurísticos, para que se forme una actitud que se conoce como el efecto de mera exposición a un estímulo. Este fenómeno consiste en el aumento de una actitud positiva hacia un estímulo neutral al aumentar la exposición repetida al mismo. La investigación básica de este efecto fue desarrollada por ZAJONC, quien consiguió crear actitudes favorables hacia imágenes que carecían de significado. Así, mediante la sucesiva presentación de un producto en cualquier medio de comunicación, se genera la necesidad de consumirlo pues no sólo se ha repetido dicho estímulo sino que ha sido dirigido a un perfil que no se plantea si lo requiere o no.

Por tanto, es imperarte trabajar la creatividad. Habrá que partir de la premisa de que no todos poseen el mismo potencial, ya lo demuestra la lectura con el estudio que presenta y en paralelo a la línea de GADNER en la inteligencia, pero se ha de abrir hueco para proporcionar oportunidad de la misma, como competencia, no como privilegio de unos pocos susceptibles de la aplicación de un test que determine su grado de pensamiento divergente.

Otra ofensiva a la normalización puede ser la heterogeneidad de niveles, de materiales, de metodologías… ante un contexto heterogéneo se producen más oportunidades de aprender de los demás y de organizar una aprendizaje colaborativo que posteriormente contribuya a dar respuestas creativas.

El miedo al error, miedo a equivocarnos puede ser un gran inhibidor de un desempeño creativo. La presión social, que está más en nosotros y en la idea que hemos forjado de lo que será o no aceptado, puede conducirnos a funcionar desde una tercer orden de conciencia. Lo mismo ocurriría con una motivación extrínseca, pues la presión externa puede condicionarnos a no ser libres y a estar forzando un desempeño creativo que está en nosotros, pero que estamos ahogando forzándolo a salir.

También añadir que un contexto carente de estímulos puede frenar las oportunidades de un desarrollo de la creatividad. Por ello cobraron gran importancia las actividades complementarias en los centros educativos ya que no todos los niños en su nicho familiar les son ofrecidas oportunidades para visitar museos, teatros, conciertos; ingredientes indispensables para aderezar cualquier intento creativo (y este tipo de actividades se remonta a finales del siglo XIX en la mano de personajes relevantes como Decroly). La simple exposición puede conducir a una eficaz aportación de lo que venimos hablando, ya que el modelado plantea o remueve el interés de quien observa libremente, lo que implica la existencia de una predisposición a seleccionar la información pertinente para un desempeño creativo.

Para terminar me gustaría volver a GAZZANIGA y trasladar sus palabras a esta reflexión por su pertinencia en lo que se refiere a la importancia del ambiente en el desarrollo cerebral. Debería ser premisa de todo educador y tenerla muy presente cuando hablemos de creatividad:

Sería más apropiado denominar “normal” lo que se denomina “enriquecido” y “deprivado” lo que se denomina “normal”.  

 

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