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CUAL NARANJA AMARGA

CUAL NARANJA AMARGA

¿Cómo se prepara le mermelada de naranja amarga? Supongo que a diferencia del resto de las frutas con las que se hace mermelada y que son puestas a cocer, en este caso no se prescinde de la cáscara, parte necesaria para conseguir  ese sabor tan peculiar. Se emplea como dulce, pero deja un gusto distinto. Produce el cambio, marca lo singular frente a un sabor monótono dentro de lo que consideramos goloso.

Así se desarrolló ese último día de curso, es decir, nos produjo un regusto amargo por varios motivos. En primer lugar, marcaba el final de un periodo en el que hemos compartido nuestras experiencias, vivencias, apartados más recónditos de nuestro ser. Nos desprendimos de las corazas inquebrantables del qué dirán, porque todos fuimos acompasados experimentando un bucle por el que nos vimos arrastrados y contagiados sin darnos cuenta, bajo un ambiente cómodo, efímero que deja su impronta de una manera sutil pero que nos atrapa por dentro. Ni que decir tiene, que también suponía una despedida de la facultad, al menos de momento. Tantas experiencias vividas, tantos miedos superados, tantas relaciones y vínculos creados que suponían un amargor en ese último día. Despedirme de mi profesor, despedirme de sus clases en las que tanto he aprendido; con tanta estimulación y ánimo otorgado me incitaban a darle las gracias una y mil veces; con la mirada transmitida, en alguna ocasión verbalizada. Una admiración por su trabajo que me hacía especial devota, como muchos de los alumnos de psicopedagogía que estaban realizando el curso y que se entusiasmaban al contar anécdotas del entrañable profesor que estos días nos acompañaba, contagiando a los compañeros no procedentes de esta facultad a tener una visión compartida del fenómeno; de la vorágine de vernos atrapados por lo experiencial bajo la exigencia de una reflexión continua y un vínculo con tanto como hemos aprendido.

En segundo lugar, tengo que destacar la actividad en la que nos desprendimos de nuestro útil, que tras varios días trabajando y relacionándonos desde el mismo, formaba parte de nuestra identidad y se había convertido en un apéndice del que nos debíamos desprender. ¿A quién regalar? Eso fue todo un conflicto, porque como ya dijimos, y sin que suene a tópico, hubiese dividido mi figura en pedazos para compartirla con cuantos asistieron al curso, porque con todos ellos viví momentos emocionantes, divertidos, profundos, tristes, desinhibidos… Cuánta suerte tuvo Virginia al poder hacer esto, quien dejó parte del mismo incluso en nuestro jardín. El corazón de Julián subyacía también en todos, al dejarlo en el espacio en el que habíamos trabajado durante esos días, donde se han almacenado muchos recuerdos que evocaremos cada vez que pasemos por allí.

Se produjo un conflicto pero decidí darle mi útil a una compañera a la que estimo, una compañera que regala sonrisas por doquier y que me pareció ver triste el día anterior. Quería decirle que estoy ahí, aunque guarde silencio, porque me parece una persona muy tierna y encantadora con la que me he confesado en alguna ocasión depositándome su confianza. Gracias Gloria. Nuevamente un amargo sabor se apoderó en el momento en el que recibí los útiles de dos de los compañeros. Halagada pero culpable al no haber correspondido. Realmente me cuesta mucho recibir, y es que creo que por educación, por predominio de la afiliación, por aquella expresión que repudio de los pueblos pero que muestra una realidad, vivimos bajo el compromiso de cumplir con los demás. Una buena amiga del colegio ha reflexionado conmigo de este fenómeno, el de recibir y quedarnos con ello, sin tener una obligación posterior, porque es un derecho el ser estimados y apreciados.

Personalmente, tengo muy arraigado el sentimiento de afiliación. Me han educado para que sea generosa, y no espero nada a cambio porque dar me hace sentir bien. Tal vez esto que se considera conducta prosocial no sea más que una expresión narcisista y egocéntrica que nos proporciona una posición ante la relación con los demás, porque el altruismo supone dar sin recibir nada a cambio, pero en esa afiliación recibimos una sensación de bienestar, luego salimos beneficiados.

Fue incómodo, sentí desasosiego, sentí la cáscara de naranja por no haber correspondido a esos compañeros que me brindaban un regalo, pero la actitud del maestro pretendía romper con esos cánones sociales, con esa educación bidireccional, pues  la esencia del ejercicio era ir más allá de lo material, de trascender de los roles sociales, de hallar el significado de compartir. Creo que lo voy verbalizando según ha ido pasando el tiempo y he evocado la sesión a lo largo de este tiempo. Pero de una manera inconsciente, sin esa racionalización que ahora trato de explicitar, sentimos ese día el ansiado quinto orden de conciencia de Kegan, que en el fondo es el arquetipo del maestro. Dar sin pensar en la relación, sin sentir esa incomodidad de ser correspondido y corresponder, librándonos de lo social para encontrarnos con nosotros mismos bajo esa nueva experiencia. Por ello surgieron posteriormente los abrazos. En mi caso y en el del resto, o así lo considero, no se primaba la afiliación como motivación predominante. Se generó el sentimiento de dar, de mostrar agradecimiento.

Hubo quien huía de este tipo de demostraciones porque les incomodaba, y así lo expresaron algunas personas con toda confianza, también libres del estigma social del quedar bien y priorizar la necesidad del otro. Manifestando que si expresaban tanta emotividad se derrumbarían y se harían más vulnerables. En el fondo seguían pensando en el otro, o en la imagen que pudieran dar ante el otro; pero actuaban desde su propio yo, que al priorizarlo, conseguían alcanzar la libertad de acción del maestro, o ese es mi punto de vista.

Tengo miedo de no ir bien encaminada. Alejandro compartiría ese último día, transcurridos diez años, ahora enriquecidos por su bagaje y acervo conceptual y vivencial, por lo que tengo pánico de no estar a la altura. Bueno, sigo en una fase de tener que seguir acomodando el material, lo cual me recuerda la cáscara amarga de la que partía este post, sin duda endulzada por la clausura de nuestro profesor, quien como círculo de cierre, concluyó con la misma película que el primer día nos mostró el arquetipo del artesano a través del músico en aquella escena llena de simbolismo. Una metáfora de lo que había sido explicado aparecía en la nueva escena, donde la naranja recobraba su forma esférica que nos devolvía a la cadencia perfecta, a la estabilidad, a la asimilación de la incertidumbre creada anteriormente, y a pesar de la despedida, podíamos saborear con deleite esa mezcla de dulce y contradictorio amargor.

Hubo mucho material ese día. Se dio un ejercicio cargado de toma de conciencia desde cada arquetipo, desde cada actitud que tanto nos había costado encontrar y que errábamos partiendo del ejemplo concreto, de un pensamiento inductivo limitador del proceso, pero que facilitaba llegar a un nivel de abstracción posterior cuando se acompaña de reflexión. Sobre este ejercicio todavía no me encuentro preparada para hablar, luego posiblemente, en algún tiempo cercano, me atreva a volcar en el blog. Por lo tanto, este post no supone la despedida. Parece que me niego a romper el cordón umbilical con este año, con mi profesor, con mis compañeros, con el material, con el ejercicio reflexivo y con tanto crecimiento personal.

De momento paladeo el amargor, pero sólo es una toma de contacto que anuncia el tener que asumir que finalizó un periodo muy significativo personalmente. Sigo anclada en su azúcar, porque muchos sinsabores ya nos trae nuestro ciclo vital, las crisis como vimos, forman parte de ese sinsabor, o tal vez tenga que darle uno. Veremos cuando se presenten.

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4 comentarios

Carmenchu -

Muy lindo , gracias por guardar esos apuntes de diez años ;-)

Gracias porque me alegré al ver a Virginia Y Almu por aquí.

Demasiadas frases sobre los regalos, sobre dar y recibir. Tantas y tan complejos como somos.Casi todas en polaridades.Dependera del momento, de la persona, de mi expectativas...es una forma de comunicarse más,VEO IMPORTANTE ELEGIR EL MOMENTO...(a veces me he librado de tener un follón de narices gracias a un regalo, porque esa persona necsitaba ser valorada,ya que estaba sobrecargada)

¡No me valen las frases.. ¡Si no conectamos a nivel de corazón, (pero no del sensiblero, es otro tipo de fuego), no podremos comprendernos.

Fácil y difícil son categorías mentales, ¡ no me las creo ¡. Como bueno y malo , categorías morales (ambiguas ), complejas también.

Somos nosotros quien hacemos que las cosas sean fáciles y difíciles y es nuestra esa responsabilidad. Podemos elegir el prisma…

¿No será la conciencia quien te dice que no te creas tantos halagos ¿?...para no ser un machupidohuevonhijodelagran chingada ;-)

Ahora un chiste:
CHISTE. Del jodo : ))

El loro del portero de un edificio, se escapa de la jaula y se instala al pie de la escalera. Apenas entra alguien, se pone a gritar:

-¡Atención al escalón!
Y todo el mundo se cae porque no hay ningún escalón.

CONCIENCIA.

Muchos gurús predican abstinencias, meditaciones, renuncias, para así lograr la iluminación. Sus discípulos se sacrifican muchos años sin lograr iluminarse, simplemente porque la iluminación es solo una ilusión del maestro, no existe…Todo el psicoanálisis de Freud está basado en la existencia del inconsciente. Pero Freud nunca lo pudo definir, ni encontrar donde estaba, sólo lo imaginó. ¿Es esto dañino? A veces sí, otras no.

Un arquero que quería cazar la luna, nunca lo logró pero se convirtió en el mejor arquero del mundo. Decir “me voy a iluminar” es lo mismo que decir “me voy a engrucuñar”.

Iluminar y engrucuñar son sólo palabras.

Buda, bajo el árbol, se iluminó. Buda bajo el árbol se engrucuñó…

Te dicen palabras que te hacen creer que te trasmiten conocimiento.

¡Cuidado, si las crees te sentirás engrucuñado y comenzarás a enseñar a discípulos como engrucuñarse!

Propongo que estos sabios gurús se metan el engrucuñamiento por el krulo!

Un abrazo

Alejandro -

Hola Esther, Vir y Almu

Tengo una deuda pendiente que contraje en un comentario del anterior post. Voy a pagarla.

Voy a escribir lo que apunté en mi libreta hace 10 años, cuando participé en mi curso, esta vez vivido como alumno. Acababa de dar mi objeto, con el que también estaba muy vinculado, y eso que era muy feo, ja... era una especie de cámara de cine, porque para mi el cambio se podía lograr mediante la narración de historias, la creación, la exposición, etc... algo así.

Lo que escribí al dar mi útil fue lo siguiente.

"Desprenderse (del objeto) me resultó más fácil que recibir. Tuve los fantasmas de qué pasaría si no me daban nada, reconocía fácilmente un salir fuera a ver qué pasaba con los demás, tema de comparación, pero he podido desapegarme de ellos también y ha sido muy bonito y emocionante recibir y dar el útil. Permitirme el contacto emocional y físico y desapegarme de pensamientos comparadores, del ego durante unos instantes.
¡qué lujo!

Pero siento que aún me cuesta permitirme emociones que asocio con cierta inferioridad, debo desapegarme más de esto".

Esto es lo que escribí, palabra por palabra. Como véis coincide con experiencias vividas por muchos de vosotros. Esos eran mis temas entonces y ahí estaba contactando con ellos.

Dar y recibir, la reciprocidad, qué fuerte es esta ley de influencia social. Cialdini lo describe muy bien en su libro Influencia. Recibir cuesta porque te deja en estado de deuda (al menos inicialmente). Recibir y aceptar recibir sin más, sin pensar en tener que devolver necesariamente, aceptar libremente, no es fácil. Generalemnte no suele gustar quedarnos con un sentimiento de deuda, por muy sutil que sea. Pero como planteáis, al recibir también facilitamos el bienestar del que da, sobre todo si da de manera desinteresada, si no, simplemente es una manipulación.

Al deber, el estatus se coloca sutilmente por debajo, eso era a lo que yo estaba sensibilizado hace unos años. Ahora lo llevaría mejor.

De nuevo, lo que cuesta es no salirse de la experiencia en sí, no irse a la mente, no compararse, no pensar qué pasará si..., quedarte con la experiencia y nada más. Al dar cuesta trascender nuestro vínculo con el objeto, pero al trascenderlo nos liberamos. No hay nada más difícil que trascender la propia identidad, claro, es fácil apegarse a ello, como a nuestras ideas, valores. Por eso era una tarea del 5º orden según Kegan, permitirse cuestionarse nuestros apegos, sobre todo aquellos mediante los cuales nos identificamos.

Desde mi perspectiva fue precioso veros, mientras, además revivía mi experiencia pasada. Eso sí, me costó también mantenerme en mi sitio para seguir la sesión ;). Pero es lo que tenía que hacer.

Esther, tengo un dilema con aceptar tus elogios. Es un tema personal. Siempre me ha costado aceptar elogios, es como que no los escucho. Puede que sea una manera de no querer recibir, para no estar en disposición de tener que dar o devolver. Puede que sea como para no creérmelo, como si fuera algo exagerado, como que no me lo puedo apropiar. Es un tema. Recuerdo hace años trabajando esto, "cuando te digan un elogio, no te disculpes, no lo minimices, simplemente acéptalo y agradécelo, porque si no lo haces es como que no tienes en cuenta a la persona que te lo da, es como agraviarla, en cierta manera". Algo así era el razonamiento.

Así que gracias, a ti y Virginia y Almudena también, que también me han comunicado cosas similares, así como a otros. En ese sentido este año ha sido un año complejo, mucho que aceptar y agradecer ;)

En este curso, de todas formas, me veo como un intermediario. Hablaba yo, actuaba yo, pero el curso, el contenido, el método no me pertenecían, era un intermediario de todo eso. Lo importante era lo que trabajábamos todos, vuestra implicación, lo que hicimos entre todos.

Y fue muy intenso y desde luego, muy bonito.

La quinta actitud trasciende a las anteriores, se sitúa en cualquiera de ellas o crea alguna diferente, al ser consciente de que ninguna es real o total, ni siquiera ella misma, de ahí que fluya y escape del círculo o del cuadrado (de la estructura creada). Ese gestionar desde dónde se atiende sin estar limitado, ligado, vinculado necesariamente a él. De eso iba. Complejo pero posible, al menos poderlo identificar es un paso importante.

Un beso y mil gracias por continuar esto

Alejandro
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Almudena -

Hola!
Me encanta leeros a ti y a Vir porque me acercais tanto a la experiencias que a veces parece como si estuviera viviendolas con vosotras.
Perfecta descripción del último diá. Cada vez me siento peor por no haber podido participar al 100 por 100 porque siento que me falta algo y tengo miedo de olvidar todo lo que vivimos (y lo que me faltço por vivir).
UN besote

Vir. -

Hola!

Qué recuerdos sobre este día, ya no lo tenía tan presente y ahora se me ha puesto una cara...

Compartimos muchas cosas de esos días, pero sobre el amargor yo tenía otra sensación; quizás pensaba que esto volvería a repetirse más adelante, con distintas personas o las mismas o qué se yo... igual lo estamos viviendo en univesos paralelos... (y no me refiero a Japón, jajaja).

Sobre la experiencia de dar y recibir, sólo puedo hablar de la entrega que hice a Juanjo, y no soy muy consciente de la diferencia entre las dos acciones, no me sentí entregando más que recibiendo, no sé cómo explicarlo.

Sayonara (es algo así, no?)

Besos,

Vir.
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