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MIEDO AL CAMBIO

Hemos visto en la clase pasada el apego, y a través de la dinámica, experimentándolo in situ separándonos de nuestro grupo de amigos y nuestro vínculo afectivo en clase, nos mostramos con otras personas con las que no solemos tener relación. Para unos ha sido una experiencia más para reflexionar con gente a la que se conoce de vista, y para otros ha sido una situación “incómoda” según el carácter, la timidez y la introversión que tenga.

Está claro que en psicología el apego se refiere a la dependencia de un niño con sus padres. Como otros procesos que se van desarrollando a lo largo del ciclo vital de una persona, el apego crece con nosotros. En la infancia la referencia son los progenitores. En la edad escolar el apego se dirige a la familia y a los profesores/as. En la adolescencia el apego está más dirigido al grupo de iguales, y en la adultez será compartido aunque jerarquizado, o al menos yo lo entiendo así. Supongo que esta etapa se podría ilustrar como una serie de círculos concéntricos en los que están las personas hacia las que existe afecto. El hecho de que existan es lo que determina nuestra estabilidad emocional y nuestra seguridad como seres sociales que somos.

A pesar de que el apego está dirigido hacia las personas lo que sí creo evidente es que también se extrapola a nuestra cotidianidad y nuestro funcionamiento en relación con el mundo. También en clase hemos estudiado a Piaget y los procesos de asimilación y acomodación. Cuando acomodamos un esquema, a través de la repetición se asimila. Por tanto, habremos creado un vínculo y un grado de seguridad con la nueva adquisición. Esta seguridad deriva en cierto apego. ¿No nos gusta más una canción que hemos escuchado mil veces que la que hemos escuchado una vez? ¿No disfrutamos repasando una lección que ya nos sabemos que otra que tenemos que comenzar a aprender?  De esto se desprende que la repetición y la frecuencia de exposición determinan el apego que sentimos hacia los seres y hacia los objetos. En consecuencia condicionará nuestro comportamiento.

Recuerdo del año pasado la clase de psicología social. Aprendimos la conducta de ayuda y el altruismo. Mis ideas previas al respecto eran que por lo general se ayuda a todo aquel que lo necesita siempre que esté en nuestras manos la solución. Pero hubo un aspecto que me llamó mucho la atención; es más probable que ayudemos a un conocido que a un desconocido aunque la ayuda sea la misma para ambos casos. De darse la circunstancia de prestar esa ayuda  cuando ambos la necesitan en el mismo momento nos decantamos por el conocido.La semejanza también es un factor, porque se repiten rasgos de esa persona en uno mismo. Se tiende a ayudar a un extraño que es del mismo país que si es extraño extranjero. Esto me preocupó porque demuestra que somos muy simples en nuestro proceder y somos manipulados por los estereotipos.Tenemos preferencia por ir a sitios conocidos que ir a investigar otros nuevos aun teniendo la certeza de que son mejores. Seguimos una trayectoria para ir a un sitio y no variamos el camino para explorar su atractivo.

En nuestra labor profesional también estamos muy encorsetados y desarrollamos una metodología efectiva hasta el momento resistiéndonos a innovar y adaptarnos a los cambios que se vienen produciendo en nuestra sociedad.Hasta nuestro refranero contempla que el apego se produce por repetición y reiteración de un estímulo, ya sean personas u otros aspectos de nuestro proceder en el mundo. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Aunque  existen distintos tipos de apegos, en el caso del apego seguro está clara la preferencia por lo cercano, lo más habitual. Pero los niños evasivos lloran ante la ausencia del conocido; los niños rebeldes, de la misma forma que dañan al conocido, se aferran a él; y los niños desorganizados son el mismo caso que el de las mujeres maltratadas que también se mencionó en la pasada sesión y con lo que estoy totalmente de acuerdo. Estas mujeres son dependientes de sus parejas a pesar de generarles daño físico y psicológico porque creen que no encontrarán algo mejor. Tienen miedo a romper ese vínculo por miedo a lo desconocido. Se resignan a su destino. Es duro pero cierto.

En conclusión, el apego sigue un patrón que es la repetición y nuestros miedos e inseguridades, en unos casos más que en otros, se producen por el apego. Quizá éste sea una clara evidencia de que el ser humano es imperfecto y que no somos tan originales como creemos porque nos parecemos en muchos comportamientos. Siendo ahora consciente de esto, trataré de vencer miedos o al menos desvincularme algo de ellos.

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2 comentarios

Leonor -

Me parece muy interesante la visión que expones no sólo en este diario sino en los anteriores porque muetra tu "desapego" a ciertas estructuras fijas y separaciones y estás haciendo un esfuerzo de interrelación y desapego a tus concepciones y creencias previas... Incluso el título nos sirve para integrar nuestros debates y temas abordados en curriculum e innovación...

Alejandro -

Excelente Esther¡¡¡

Buena reflexión.

Los procesos de vinculación implican procesos de desvinlación, como muy bien has conectado, al relacionarlo con los procesos de asimilación y acomodación (muy presentes en la clase del pasado viernes). Los subprocesos (por diferenciarlos) de la repetición y habituación están ahí, y el tema de la vinculación añade un componente afectivo (seguridad-inseguridad/ desconfianza-confianza / comodidad / incomodidad)) que es muy importante, casi más que los elementos cognitivos, pero muy integrados.

En los procesos de aprendizaje son muy relevantes igualmente.

Me gustaron los ejemplos que exploraste.

Hay otros procesos que se podrían incluir, como la creación de expectativas que queremos confirmar a toda costa, dado que esa confirmación nos proporciona seguridad, eso y el problema de qué hacemos ante el feedback negativo, claro....

Bien, bien....

Alejandro
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