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PERRY HASTA EN LA SOPA

PERRY HASTA EN LA SOPA

Ayer, 17 de febrero, estuvimos trabajando sobre la teoría de Perry y el aprendizaje reflexivo.

Este autor establece cuatro niveles desde los que abordar el conocimiento que son el dualismo (algo se sabe o no; tiene en cuenta el principio de autoridad y el saber externo; supone un aprendizaje pasivo por parte del sujeto que aprende). Este nivel me recuerda al principio de autoridad que estudiamos en psicología social y al experimento que llevó a cabo Milgram sobre dicho principio que, aunque violaba toda ética, fue muy revelador en cuanto a la obediencia a la que podían someterse los sujetos que participaban en dicho experimento, pues estos aplicaban descargas eléctricas a otro sujeto cada vez que diese una respuesta errónea sólo porque el experimentador les urgía a continuar pese al dolor que infringiesen a la otra persona y las súplicas de detener la prueba .

Muchos alumnos se centran en la obtención de una única respuesta porque en ellos impera ese principio de autoridad. El profesor es el experto. Se le atribuye la totalidad del conocimiento y la capacidad de transmitirlo, luego lo que no se enseña es porque no existe. Esta es la concepción que tienen los alumnos, sobre todo en la etapa de educación primaria, donde el profesor toma un protagonismo importante en su desarrollo social. Constituye toda la fuente de conocimientos e idolatran su labor.

De todo esto se desprende la relevancia que adquiere una metodología que despierte en el niño inquietudes, hacer del aula un lugar de investigación donde plantear hipótesis y motivar al niño a descubrirlas por sí mismo, por lo que el maestro sería un mediador más que un referente enciclopédico que desembucha datos sin hacer reflexionar a los alumnos.

Por otro lado, si lo relacionamos con las Dificultades de Aprendizaje, es probable que la falta de autoestima de la que puedan ir acompañados estos niños por el peso de las áreas instrumentales en la cultura occidental, les haga atribuir el éxito académico a factores externos y el fracaso a factores intrínsecos al propio sujeto. Vuelve, por tanto, a aparecer una respuesta dual (lo hago bien o mal, sin matices o términos medios) y a un peso relevante hacia la autoridad o rol del adulto u otro compañero.

A medida que avanzamos en el desarrollo de una persona, puede surgir el siguiente nivel, denominado multiplicidad. Implica que no todas las preguntas tienen respuesta; que existe variedad de respuestas, por lo que aparece la subjetividad; y que no es tan relevante la respuesta respecto al cómo se elabora. Aunque pudiera aparecer en los últimos niveles de educación primaria y en determinado perfil de alumnos que manifiestan una inquietud a descubrir las cosas por sí mismos, sería más común que se diera en la etapa de Educación Secundaria.

Sólo tenemos que recordar que cuando éramos adolescentes tratábamos de encontrar todas las vías posibles para salirnos con la nuestra, recurriendo a múltiples excusas ante la explicación de nuestros padres o profesores. Comienza la subjetividad, una segunda etapa de egocentrismo en nuestro desarrollo vital. Es el inicio de la rebeldía, la curiosidad a desafiar las normas y los estándares que hasta entonces se habían asumido. Es una etapa en la que aparecen los derechos a…; es que a mis amigos les dejan y a mí… Cuestionan lo que les rodea en sus relaciones sociales y en la construcción de su pensamiento.

Ahora bien, en el ámbito académico, al igual que en cualquier etapa, es imprescindible que los docentes despierten su interés, no sólo a la obtención de múltiples respuestas, sino a acompañarles a alcanzar otro nivel de construcción de pensamiento: el relativismo.

Es entonces cuando se empieza a situar el aprendizaje; surge la independencia del profesorado; se gestiona la incertidumbre y la autonomía e independencia es mucho mayor. En esta fase son más importantes los procesos que los productos.

Desde el punto de vista de la historia de la educación, han existido épocas con marcado carácter escolástico y de predominio humanístico frente a lo científico (rápidamente pensamos en un Régimen Absolutista, una autocracia y una fuerte influencia religiosa que se beneficiaba de mantener a una masa sometida e irreflexiva; enajenada). Ante este contexto es lógico que se ensalcen figuras destacadas dentro de nuestro acervo cultural que rompieron los moldes establecidos. Podemos ver nuevamente cómo la autoridad tiene un peso significativo en la construcción del pensamiento. Por lo que, no es tanto la capacidad o potencial que pueda tener un sujeto como las circunstancias ambientales que lo activan o coaccionan. Este hecho pone nuevamente en evidencia el peso que tiene un educador ante sus alumnos.

Finalmente abordamos el nivel de compromiso con el relativismo. Éste implica el priorizar y cuestionar los propios principios para seguir aprendiendo. Éste nivel equivaldría a un quinto nivel de conciencia bajo la teoría de Kegan, autor del que me enamoré y al que recurro con mucha frecuencia en circunstancias personales. “He de abrir paso a otros autores, como Perry, para poder acercarme a este último nivel que se nos plantea.

Y volviendo al tema que estamos abordando, al margen de  mis “afectos epistemológicos”, podríamos relacionar dicho nivel con las relaciones con los demás que permiten abrir el horizonte de los conocidos con la búsqueda de la soledad, la independencia y el encontrarse con uno mismo para crear su propio sistema de valores y de formas de interactuar con los demás. Surge de la introspección. De mirarse por dentro y cuestionar nuestra conducta. Este nivel es susceptible de ser alcanzado pero, supongo que muchas variables impiden que sean sólo unos pocos los privilegiados que se enriquezcan de poseer tal independencia de conocimientos, relaciones y construcciones de la realidad que nos mediatiza.

No sé si la meditación podría ayudar, pero sin las etapas anteriores es difícil que nos saltemos estadios dentro de esta teoría.

No obstante, creo que este constructo es flexible en función del ámbito en los que el sujeto actúa. Así pudieran darse casos en los que en el contexto académico se haya alcanzado ese cuarto nivel, pero que en las relaciones sociales pueda estar limitado y ser dependiente de otra u otras personas. Y es que el ser humano es tan complejo como fascinante. “El hombre es el ser supremo para el hombre” (Karl Marx).

Finalmente, decir que me gustó la pregunta que se nos planteó en clase:

¿Dónde están los alumnos? Es posible que podamos modular y viajar dentro de los niveles que plantea la Teoría de Perry (quien posea un tercer o cuarto estadio), es decir, autorregularnos cuando vemos que se produce una disonancia en el medio. Pongamos por ejemplo que un alumno da rienda suelta a su capacidad de relación y reflexión y desarrolla un examen de valorable éxito desde nuestra concepción relativista, y que el profesor, por lo contrario, descalifica esa capacidad de pensamiento divergente en pro de la reproducción del libro de texto. Es lógico que por condicionamiento ese alumno modifique o sacrifique su capacidad para aprobar el examen:

O tal vez se revele y siga suspendiendo ante tal metodología porque está en la fase de compromiso con el relativismo.

Esto nos recuerda a determinados personajes que no han sido reconocidos en un momento histórico y que posteriormente se han ensalzado porque la sociedad también desarrolla en su conjunto la Teoría de Perry, lo que demuestra que, efectivamente, está hasta en la sopa.

Creo que este autor va a dar mucho juego. Vuelvo a experimentar un flechazo.

 

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