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PRIMERA SESIÓN

PRIMERA SESIÓN

            Hoy hemos puesto en marcha el programa de habilidades sociales. Se ha empezado mucho antes de comenzar la clase, pues había mucha gente que ya había estado pensando en el tema, luego partíamos del entusiasmo, de la energía y de la frescura típica de cualquier inicio de proyecto.

            Situándonos en círculo hemos emprendido una espiral hacia el final de la asignatura en la ardua tarea de llegar a acuerdos conjuntos. ¿Qué abordar con ellos? ¿Partiremos de la experiencia vivida en aquella excursión y las habilidades que vimos? De hecho, el primer punto con el que confrontar impresiones es determinar puntos fuertes y débiles de esa actividad. Cada uno de nosotros narramos cómo vivimos ese contexto de ser dirigidos, extrayendo una información ambigua, subjetiva, que tienes que categorizar, concretar y resumir en una serie de conceptos que guardan relación con la asignatura. ¿Estamos emitiendo juicios? Puede que estemos evaluando a partir de nuestras subjetividades, posicionamientos y particularidades. Partiendo, por tanto, de esa subjetividad es complejo definir el marco de actuación.

            La lluvia de ideas tuvo comienzo y cada cual iba haciendo aportaciones muy interesantes. Conseguimos centrarnos en el trabajo en equipo, el liderazgo y la competitividad (amplísimos temas que darán sus frutos). Pero de repente hemos tropezado con un obstáculo, una polémica que ha hecho frenar esa zambullida en el diseño del programa: establecer actividades (pensamiento inductivo) o determinar unos objetivos generales con los que analizar detenidamente qué queremos conseguir, qué entendemos por cada uno de los temas propuestos y empaparnos bien de hacia dónde conducir las dinámicas fundamentándolo teóricamente (pensamiento deductivo).

            Entre tanto, los espíritus de Platón y Aristóteles se dieron cita en el aula 4. Una vez más, sus filosofías subyacían en el debate que estaba teniendo lugar. Se aproximaron a los alumnos y decidieron pasear alrededor de ese círculo socrático donde las ideas emergían. Lamentaban las indumentarias con las que fueron a parar al otro mundo porque su alma vagaría para toda la eternidad arrastrando esas largas y pesadas túnicas. Cómo les hubiese gustado llevar un chaleco como el que usaba uno de los alumnos de clase, y ni qué decir tienen los pantalones denominados vaqueros que todos ajustaban a sus cinturas. Eso era comodidad. Antes de aproximarse más donde se encontraban los asistentes se percataron de una de las personas que se situaba fuera del círculo. Parecía el mentor, además apuntaba lo que allí sucedía y lo transcribía a un cacharro de pequeñas dimensiones donde registraba todo:

-          Si hubiésemos tenido esta tecnología en nuestra época, qué diferente hubiese sido nuestra filosofía, tanta veces interpretada erróneamente – dijo Aristóteles.

-          Claro amigo, lo que hace plantearme que en el fondo te aquejas de la multiplicidad de versiones que se hacen de tu teoría, tantas como personas acceden a ella. Lo mismo ocurre con el mundo de las ideas. ¿Entiendes ahora el sentido de éstas? ¿Te das cuenta de lo engañosos que son los sentidos? – reprochó Platón al primero.

-          Ya sabía yo que enseguida ibas a sacar a relucir la crítica que hice a tu teoría. Entiende que mi filosofía es empirista y en lo concreto se halla el conocimiento.

-          Si me lo permites, volveremos a lo de siempre, y es que estoy muy harto de explicarte que los entes del mundo sensible son imperfectos, pálidas copias. Las ideas tienen un carácter ontológico muy superior que no son perceptibles mediante los sentidos. ¿No recuerdas, la otra vez que visitamos esta facultad, que este mismo profesor explicó a sus discípulos que el cerebro es ciego?

-          Discípulos, discípulos. Pero hombre, ¿no te has enterado que ahora les llaman profe o les tutean por su nombre? No estás actualizado con el nuevo argot. Por otra parte, puesto que está teniendo lugar  un debate al más puro estilo patricio, calla y escuchémosles.

En ese mismo espacio los alumnos daban pinceladas de lo que querían llevar a cabo. Se sucedieron propuestas originales hasta el punto de proponer realizar la actividad en la Plaza Cervantes. Risas y un ambiente acogedor les devolvía información de la colaboración que en ellos reinaba.

Comenzaron a surgir roles dentro del grupo de manera espontánea. Una de las alumnas se adjudicó el papel de secretaría y apuntaba cuanto se decía. Ante la controversia entre identificarse con las habilidades     y volcar lo que se entendía por ellas, y generar propuestas metodológicas, se invirtió parte del tiempo. En las sesiones pasadas, todos estaban de acuerdo en que hacer un inventario de actividades no tenía mérito. No era pertinente, con esos niveles de exigencia y de conocimientos,  realizar una retahíla de juegos y dinámicas que no guarden conexión para hacer de la sesión más una ludoteca que un espacio de reflexión. Por otra parte, el tiempo apremia, condiciona e insta a ser prácticos. La actividad por la actividad no supone un aprendizaje experiencial. Pero también era pertinente describir unas actividades concretas orientadas a esos ámbitos propuestos (trabajo en equipo, liderazgo, competitividad; como se reflejó anteriormente). A partir de lo concreto se podrían inferir habilidades sociales que se pudiesen generar; relacionar estas actividades con la teoría; analizar las posibles desviaciones de las actividades a partir de un análisis de las situaciones que pudiesen suscitarse; y estudiar alternativas.

-          Qué bien hemos elegido la sesión. Estoy entusiasmado con el sentido que está tomando este debate. Está claro que, en cuanto se busquen argumentos, todos se van a poner de parte de quien defiende la planificación a partir de la reflexión e identificación con esas habilidades como punto de partida, pues dan el rumbo hacia el que después desarrollar la metodología. La razón y el entendimiento deben primar frente a la realidad engañosa.

-          Amigo Platón. El mundo sensible está asociado igualmente al de las ideas, y es un buen recurso pedagógico que se usa para ilustrar la diferencia ontológica entre los entes sensibles y los ininteligibles.

Sin llegar a concretar, sin establecer un rumbo, pues todavía se debate la ruta por la que discurre el viaje, otro asunto entra en juego. La ausencia de compañeros en el aula marca un nuevo tema de discusión sobre el que subyace un sector que pide guardarles en consideración y esperar a su opinión; y otro sector que insta proseguir con la planificación a partir de donde se habían quedado, no sin informar a los ausentes pero sí siendo prácticos y no volver a partir de cero en la siguiente asamblea.

Las cuatro y diez minutos constituye un indicador para aplazar la sesión hasta el día siguiente.

-          Bueno, camarada. Está claro que hemos encontrado diversión para las próximas semanas.

-          De momento nos queda el consuelo de que nuestra discusión la mantiene la humanidad a lo largo de los tiempos y, como una primera conclusión, ni para ti ni para mí: “La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica” (ARISTÓTELES).

          

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