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EL VIOLINISTA ANSIOSO Y LA FLAUTISTA SOLISTA

EL VIOLINISTA ANSIOSO Y LA FLAUTISTA SOLISTA

Esa noche no pudo conciliar el sueño. Después de meses de duro trabajo, por fin llegaba su gran debut. Los últimos meses los pasó ensayando una y otra vez con la pianista acompañante que le brindaría base armónica en la audición. Con su profesor había trabajado la técnica, y en casa se centró en los pasajes que tanta dificultad entrañaban y que había repetido una y mil veces. Estaba convencida de que se los sabía, pero tenía la inseguridad de poder fallar en el momento álgido de su audición. Esto se debía a que en ocasiones seguía cometiendo los mismos errores a pesar del esfuerzo.

Entre tanto, había sacrificado muchos aspectos de su vida. Los fines de semana los dedicaba enteramente a estudiar y, por lo tanto, había dejado de lado sus relaciones personales. Por otro lado, sus amigos no comprendían el contexto que la rodeaba. Su desconocimiento les llevaba a subestimar su gran pasión, pues su sueño era ser concertista. Además, la inmensa mayoría tenía la convicción de que sabiendo tocar un instrumento era pertinente saber interpretar cualquier pieza. Ella se indignaba ante tal desconocimiento, pues para ella era su vida, sus sueños, sus anhelos y había renunciado a muchas cosas por ver cumplido su objetivo. Tanto sacrificio, ¿había merecido la pena?

En esos momentos multitud de imágenes afloraban a su mente. Se la jugaba a todo o nada. La perseguía la negatividad y el derrotismo cuando pensaba en todo lo que había abandonado, descuidado, esfumado como se esfuma la vida y que no había llegado a disfrutar como lo hace el resto del mundo.

Cerró los ojos y se dijo a sí misma:

-          Alto. No vas por buen camino. Esta vida la elegiste voluntariamente y asumiste sus riesgos. Disfruta, es tu momento. Entrégate al máximo y dedícatelo a ti misma.

Pero rápidamente esos pensamientos se disipaban y sopesaba con realismo que la música es tiempo irrecuperable. Cuando nos sometemos a un examen podemos rectificar, deshacer para mejorar en el transcurso del mismo. Pero en un concierto no sucedía así. Una vez comienza la función hay que seguir adelante pase lo que pase, y llegar a la cadencia final que concluye con un aplauso y con un volver a poner los pies en la tierra. Volver a tomar el timón de su propia existencia, porque en esos momentos como músico, los dedos, la velocidad, la respiración tomaban el mando de la nave en la que se había embarcado.

Llegó el día y con él el esperado momento. Se contemplaba frente al espejo con su traje impecable. Había limpiado su preciado instrumento y repasaba mentalmente la obra. Sólo quedaba saltear los obstáculos de esa maraña de notas que se encontraban entre los compases veinticuatro al treinta y cinco. Por  otra parte, en la cadencia se encontraría sola. En ese momento la pianista desaparecía del plano sonoro para que la flauta se luciese tal cuales fueron los deseos de su compositor.

Sonó el último aviso del que disponía el auditorio para que todos los asistentes se acomodasen en sus butacas. Las luces se fueron apagando sutilmente y el silencio se hizo en la sala. Desde el lateral del escenario, bajo el último aliento de luz que confirmaba la existencia de público, pudo ver a sus padres, que vibraban con orgullo mientras les recorría el mismo temor que a ella. Nadie más sabía lo mucho que había trabajado. Tardes de sacrificio desde que era una niña supusieron a la pareja un trasiego de ir y venir al conservatorio.  Eran muy conscientes de su evolución desde que pegó el primer soplido siendo una niña, alentándola pese a lo insufrible que era el soportar los pitidos y chirridos que amenizaban esas tardes de ocio mientras conseguían descifrar el mensaje inaudible de la película con la que se daban un respiro.

Desde el lateral del escenario respiró profundamente y salió al lugar donde todos dirigían sus miradas. Del otro lado salió la pianista que se acomodaba en la silla dejando espacio para que el protagonismo se centrara en la solista.

Ya no escuchaba los aplausos. Sólo sentía la música y los terroríficos pasajes que la atormentaban. Se colocó el instrumento, miró a su compañera y marcó la entrada con la cabeza. A partir de ahí no había vuelta atrás.

La pieza iba sonando pero era irreconocible. Se había acostumbrado a un timbre, una sonoridad que distaba mucho de lo que allí se estaba ofreciendo. Unos compases de espera la prepararon para el compás veinticuatro. Tomó aire y recordó una frase que la entusiasmaba.

“La música, incluso en las situaciones más terribles no ha de ofender el oído, sino cautivarlo y seguir siendo música”.

Sin darse cuenta había superado esos once compases y a partir de ahí lograría volver a un estado de cierta calma. No salieron como esperaba pero poco a poco fue haciéndose consciente de que el calor volvía a sus manos, que se habían quedado frías y rígidas cual estatua de hielo. Su respiración era más pausada, y volvía a ser dueña de su propio cuerpo. Empezaba a disfrutar. Ya no temía la cadencia. La superaría sobradamente. Era feliz porque pudo sobreponerse.

Tras este ejemplo, como bien lo evidenciaba la lectura de R. Frisch, J. H. Weaklaud y L. Segal (1984), vemos como la ansiedad es un estado muy extendido en la población y no exclusivo de la conducta desadaptada. Surge a partir de un sentimiento de peligro que conduce a angustia, activando el sistema nervioso y originando reacciones como las anteriormente descritas. Es un acontecimiento desagradable pero tiene un lado útil pues señala el peligro o el miedo al error como en este caso. Un estado de relax absoluto nos puede conducir a una despreocupación de lo relevante y a una escasez de compromiso frente a la tarea o a un efectivo desempeño. Pero bien sabemos que los extremos nunca fueron buenos. En el lado opuesto, la ansiedad es desorganizadora, conduciendo a la confusión y la inefectividad. Esta tensión puede entrañar una sucesión de fracasos y frustraciones que aumentan de modo espiral, conduciendo a más ansiedad e irritabilidad, y en ocasiones a la depresión.

Me resulta muy significativo, y bien lo hemos experimentado en clase, cómo un fenómeno negativo (una exposición, hablar en público, una entrevista, una presentación, oposición… y tantos casos como alumnos estamos en clase) puede anular una serie de acontecimientos positivos. ¿Por qué nos quedamos con el lado amargo de lo que nos sucede? ¿Por qué no buscamos anclajes que nos permitan agradecer que estamos en este mundo? Parece que seguimos a pies juntillas un proverbio chino que dice “que lo único seguro en la vida es el sufrimiento de modo que si viene la felicidad son momentos que duran un escaso intervalo de tiempo”.

Recuerdo la ponencia de Laure en la que se abordaban las altas capacidades y el concepto de resiliencia. Esta capacidad, la resiliencia, parece que está hibernando ante nuestro devenir diario y pocos son los privilegiados que se sostienen en la misma para sobreponerse e incluso resultar fortalecidos. Tal vez sean sujetos con otro orden de conciencia que analizan escrupulosamente los contextos sin hacer de cada uno de estos condicionantes perpetuos de nuestra existencia. Que no generalizan y que cada acontecimiento lo guardan en un apartado, en un cajón concreto de su experiencia para tenerlo en cuenta; del que se desprenda un aprendizaje; pero que no describa nuestra biografía de manera definitiva e irreversible.

Creo que la seguridad en este sentido es una herramienta clave. Ésta se obtiene en muchos casos a través del aprendizaje y la experiencia, de lo conocido y lo repetido (como repiten los músicos hasta que pueden ejecutar un fragmento), pero añado que es posible ante un contexto concreto (nuevamente aparece su importancia y su relevancia como compañero de viaje en esta asignatura). Cuando ese contexto es modificado, aunque sea sutilmente, nos ofrece un contexto nuevo, irreconocible y susceptible de enriquecernos con él como vivencia.

A modo de paralelismo, sería equivalente a trabajar desde tres colores (los primarios, por ejemplo), pero que los avatares de la vida hiciesen que estos se mezclasen y diesen lugar a colores nuevos. Tan solo una gota de un color sobre otro daría lugar a una nueva tonalidad con la que desafiarnos en los retos que nos plantea la vida. Como cuando analizamos que los tres tipos de motivaciones, que también pintan el contexto,  se dan en paralelo aunque alguna predomine sobre otras.

Revivir nuestra experiencia, como hemos realizado en clase, nos ayuda a redefinirlas, a colocarlas en compartimentos a los que recurrir en el futuro, pero sin dejar que ericen las velas de nuestro fascinante e imprevisible viaje. Como dijo en su día Shakespeare “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”. Gracias, Alejandro, por este texto.

 

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8 comentarios

Alejandro -

Viraje evolutivo insospechado ;)

aunque el desarrollo siempre está detrás de lo que solemos hacer, la verdad.

Buenas preguntas.

La Generatividad VS Estancamiento es una crisis más compleja que la paternidad, va más allá que eso. Si ves la película de Profesor Holland, lo entenderás bien.

La Generatividad tiene que ver principalmente con nuestra preocupación por las siguientes generaciones. Implica ir más allá de uno mismo (algo que ya se inicia con la crisis de Intimidad VS Aislamiento) para ocuparse de otros: los hijos por ejemplo, pero no sólo, es una perspectiva más social.

Esto está muy ligado con la creatividad, porque uno puede ser generativo por medio de la creación de obras, productos artísticos, culturales, proyectos muy diversos. Además por supuesto de mediante el ejercicio de roles profesionales, en los que también se cuida y atiende a otros.

Te decía que me parecía una crisis de generatividad porque estás organizando cómo serlo. Puede que no coincida con la visión de una artista, que proporciona su arte a los demás, su pericia o competencia (relacionado con la crisis de la Laboriosidad) como parte de sí mismo. Forma parte de ser generativo. En tu caso estás siendo generativa, y mucho dando a conocer la música a otros, haciendo que la aprecien o conozcan. Pero puede que inicialmente no encaje con tu idea inicial (relacionada quizás con la identidad que empezaste a forjar hace más tiempo).

Un aspecto interesante del modelo teórico de Erikson, poco conocido o entendido, es que todas las crisis están activadas en todo momento, aunque en cada momento del ciclo vital, algunas sean más importantes que otras. Una persona puede que esté gestionando principalmente cuestiones de generatividad, pero eso no quiere decir que no se activen también cuestiones de identidad, competencia, previos. Una crisis facilita la integración o resolución de tareas previas.

Sólo lo decía por eso. En tu caso probablemente es más un caso de identidad, pero para mi conectado con cuestiones generativas, por eso me recuerdas al profesor Holland y al personaje de Murakami.

Mira si hemos ido lejos desde un enfoque de terapia breve estratégico, con mucha influencia ericksoniana (otro Erickson, este con una c de por medio).

Ah... todo esto son meras ideas, suposiciones hechas desde fuera y con poca información. Una manera de seguir pensando, en absoluto una manera de definir o juzgar. Eres mucho más compleja que cualquier modelo de nadie.

Un saludo

Alejandro

Esther -

Hola Alejandro.

No lo entiendo: generatividad frente a estancamiento, ¿no es el periodo dedicado a la crianza de los niños? ¿Por qué podría estar ahí?

¿Es normal que variemos en las etapas del ciclo vital en función de nuestras experiencias porque no se trata de un continuo? ¿Son las etapas fijas y lo que varía es la interpretación que hacemos de nuestras vivencias, susceptibles de aparecer en más de una etapa?

¡Qué de dudas! ¡Qué interesante como de violinistas, habilidades, expectativas hemos ido a parar a Psicología Evolutiva!

Intentaré procesarlo, pero si sigo con dudas te pediré ayuda.

Esther.

Alejandro -

Ni me había enterado de las faltas, voy corrigiendo automáticamente sobre la marcha, ja...

Te entiendo muy bien. Me recuerdas al Profesor Holland, ja... una película que nos enseñaba mi profesora de Psicología Evolutiva, Emilia Serra, para entender la crisis de Generatividad VS Estancamiento de Erikson. Me parece que estás ahí, con resonancias de identidad, que siempre resuena con cualquier transición o crisis del desarrollo. Siempre estamos con la tarea de formación / reconstrucción de la identidad.

Y de la presión normativa para ajustarse a los estándares del ciclo cital, se lo dices a un experto en llevar la contraria ;) No es cuestión de tiempo objetivo, sino de otras cuestiones subjetivas y contextuales. Esto para el café, y te hablo del personaje de Murakami. Por cierto, ¿has visto Despedidas? Es una peli japonesa, como me dijiste que vas a Japón (qué envidia) que te gustará... imagino.

Conoces la peli Profesor Holland, ¿verdad? Es un poco americanada, como decía una alumna del master de secundaria, pero no deja indiferente. O los Chicos del Coro, esa seguro que sí la has visto. Aunque claro, la realidad siempre es mucho más compleja.

Tranquila que la integridad VS desesperación aún falta por llegar, y si no que se lo pregunten al Dr Borg ja...

Seguimos mañana.. no hagas este tipo de juicios ;) son poco útiles


Alejandro

Esther -

Perdón por las faltas.

Al releerlo me he dado cuenta de que no es pica sino picar, no es aconstumbrado sino acostumbrado y que no es Haruli sino Haruki ;)

Un abrazo.

Esther -

Eh?

Me has dejado intrigadísima con Haruli Murakami. Ya me explicarás. En general, hay gente muy pintoresca en el mundillo de los músicos. Mi profesor era bastante divo. Tocaba fenomenal y a la hora de trasnmitir... Una anécdota:

Cuando terminé el medio, quise continuar recibiendo clases particulares, y después de haber sido su alumna durante 5 años y haber hecho cursos con él; un buen día me dice que me va a enseñar a pica (técnica para atacar las notas) en condiciones; que ahora le estaba pagando. En fin... Aprendí mucho de él pero eso sí que fue incongruencia, ¿qué había estado haciendo con nosotros en el conservatorio?

Respecto a la adultez (más o menos en mi caso, que sigo siendo un poco ñiñata a veces, JA) es una etapa en la que buscas estabilidad, autorrealización, "intimidad vs aislamiento" como apuntaba Erikson; pero en este aspecto es como ver lo que era mi vocación desde tanta distancia que parece la etapa de "integridad frente a desesperación"; más la segunda porque es algo que no he superado del todo. No es que permanezca en un estado catatónico o de autolamentación, pero siento impotencia. Además cada vez toco menos, por falta de tiempo, y me desmotivo más. Supomgo que en mi relación con la música no he terminado de cerrar puertas porque sigo trabajando con ella, sigo tocando... pero es como si no hubiese hecho las paces,como si no se hubiese acomodado el que ya soy profesora de música.

No se puede decir todo o nada, pero si trabajase en otro ámbito, enseñase otra materia, me resultaría más sencillo. Además la especialidad de música ha quedado relegada en muchos centros a la parafernalia, es decir, festivales, pedagogía escaparate... y es muy frustrante que sólo se valore como exposición, lo cual aún hace que me enfade más con la música.

De ahí que me plantee un cambio. Parece que las etapas del desarrollo no son tan secuenciales porque es como ir a la etapa de identidad vs confusiónn de identidad.

No sé si soy yo o es la complejidad del ser humano. Supongo que estancarse, la rutina, el tener una vida construida y sólida no es más que una ilusión que nos hace reafirmar que no sólo el medio es incierto sino que también tenemos incertidumbre en nosotros mismos. Si el contexto es imprevisible y el ser humano también, cómo es que no nos hemos aconstumbrado a sobrellevarlo, cómo es que no estamos predispuestos al cambio y éste nos desestabiliza lo que no es estable.

Qué derrotista estoy hoy ;)

En fin, que creo que no es más que un síntoma de que quiero seguir aprendiendo y que todavía no he cerrado las puertas a seguir formándome. No me veo todavía en casa con familia o con la rutina en la que está inmersa mucha gente a mi edad. Supongo que cada uno tenemos nuestro ciclo vital.

Un abrazo, Alejandro.

Alejandro -

Hola, vaya...

Una característica de la adultez es aceptar que muchos de nuestros sueños infantiles o adolescentes no se van a cumplir. Y eso no es ni bueno, ni malo. Simplemente es. Yo creo que lo mejor es que tienes una habilidad, tocar y disfrutar y hacer disfrutar a los que te escuchen. Y eso es lo más importante. Tú puedes seguir tocando, y ensayando, y sin necesidad de garbanzos. Y creo que eso es lo más importante. Lo de los métodos didácticos (por llamarlos de alguna manera) de las Escuelas de Música, ya hablaremos. Es lo que pasa con muchos de esos sueños que nos planteamos o nos plantean: que al conseguirlos también se pierden muchas cosas por el camino. Pero de eso no se suele hablar tanto.

Desde luego, este curso no puede finalizar sin que te escuche tocar ;)

Mi paralelismo con lo que comentas sobre la música, creo que lo tengo con el karate, ahí estoy yo haciendo katas como un poseso,ja... pero lo hago por placer, por ir dominándolas, por ajustarlas a mi cuerpo en constante cambio.

Ah... y lo de hablar en público, ja ... no te dejes engañar ;). Cuando era pequeño nadie me entendía cuando hablaba. Lo hacía muy rápido y no vocalizaba nada. A mis padres les decían que pensaba más rápido de lo que podía hablar. Menuda nadería, ja.... todos pensamos más rápidos de lo que hablamos. En mi caso, estaba tan acostumbrado a que no me entendieran, que cuando preguntaba algo lo repetía dos veces, dando por hecho que la primera no me iban a entender, ja.. A medida que fui consciente, pude ir controlando la velocidad, la vocalización. Pero seguro que aún me pasa.

Me recordaste a un personaje de una novela de Haruki Murakami, Tokio Blues, una profesora de piano. Si la has leído sabrás a quien me refiero. Ah.. es uno de los personajes más interesantes, por no decir que el más interesante.

Demasiado logro, vaya que sí.

Un saludo

Alejandro

Esther -

Hola Alejandro.

Me hacía mucha ilusión que me contestaras a este post.

Los músicos, salvo que hayan estado inmersos en acividad musical desde las más tierna infancia, nada de generación espontánea, suelen pasarlo muy mal a la hora de tocar en público. Además que la enseñanza de conservatorio es muy rígida y mecánica y raro es el caso que no termina algo traumatizado por el proceso. Tienes que interpretar una pieza y debes hacerlo tal cual, es decir, respirar donde corresponde, articular, la técnica. Con quien peor lo pasaba era con Bach, porque a pesar de ser el más grande de todos los grandes se olvidó de que los instrumentos de viento respiran. Recuerdo estudiar fragmentos y repetirlos más de mil veces, literalmente, porque en una obra de Poulenc había un pasaje imposible que estudié con un vaso de garbanzos lleno y que cada vez que me salía bien, pasaba un garbanzo a un vaso vacío. Era desesperante.

Por todo ello, tipo de enseñanza, miedo escénico, sé que en El Escorial y en el superio de Atocha se hacen cursos con psicólogos donde integran el control postural con la ayuda psicológica. Ya me enteraré y te diré quienes suelen ser los ponentes y desde qué campo de la psicología trabajan.

Yo hubiese sido buena paciente de Erickson.

Y respecto a tu experiencia, quién lo diría, porque parece que naciste hablando en público.

Estoy de acuerdo contigo, en nuestro Sistema Educativo se concede mucha importancia a la motivación de logro y a la competitividad. Y no nos damos cuenta del potencial del aprendizaje colaborativo. Es una tarea pendiente en mi aula.

Te voy a contar cómo cincluye mi historia:

Resulta que me hubiese encantado ser músico, estudiaba muchísimo. Tanto que me hice daño en la muñeca derecha y tuve un tendinitis bastante grave antes de terminar el conservatorio. De hecho el médico quiso ponerme una cédula metálica antes de mi último examen de Grado Medio. Después de tantos años sacrificada fui a hacer el examen porque no quise ponérmela. Terminé el Medio pero la lesión ahí la tengo, y cuando toco más de 2 horas seguidas me duele, así que tuve que decirle adiós. No sabes cómo me duele todavía el haber tenido que dejarlo. Sigo tocando, pero el superior me tuve que olvidar de él. Era algo que se me daba muy bien, desde muy pequeña, y respecto a lo de destacar en algo y demostrarlo, en mi caso éste era mi ámbito y circunstancias ajenas a mí voluntad me obligaron a despedirme.

Procuro no alejarme demasiado de la música, como maestra me da muchas satisfacciones, pero no es lo mismo.

Ahí tengo la espinita. Sigo buscando mi resiliencia en este ámbito.

Seguiré buscando en qué destacar, pero creo que como bien dices, es mejor librarse de ese egocentrismo y disfrutar aprendiendo como estoy haciendo en psicopedagogía.

Lo mejor de un viaje es el camino hasta que llegas a tu destino, más que este último en sí, ¿no?

Un abrazo y muchísimas gracias, Alejandro.

Alejandro -

Hola

No te había comentado aún este post. La verdad es que me gusta mucho.

Ahora podrás apreciar más cosas.

Los autores del capítulo son miembros del Center of Brief Therapy, asociado al Mental Research Institute. Es una institución muy famoso en el mundillo de la terapia familiar. Gregory Bateson estudió allí, formó un gran equipo de investigadores en los 60, para estudiar un fenómeno muy complejo, la comunicación. Estudiaron sobre todo con familias de esquizofrénicos, pero también la experiencia de trances durante rituales, la hipnosis, la comunicación entre animales, etc... Por ejemplo, fue idea de Bateson contactar con un famoso y peculiar terapeuta e hipnotizador llamado Milton Erickson. Los que contactaron inicialmente con él fueron Jay Haley y John Weakland (muy conocidos y reputados como terapeutas estratégicos posteriormente). Jay Haley publicó en 1967 una obre Strategies of Psychotherapy, que popularizó la obra de Erickson, que no era muy conocido entonces. Sólo era conocido como hipnotizador, no tanto como terapeuta. En ese año, 1967, se publicó también Teoría de la Comunicación Humana, una síntesis del trabajo original de Bateson, aunque él ya había dejado el Mental Research Institute. Lo publicó Paul Watzlawick, John Weakland y Bavelas (no recuerdo ahora su nombre). Ese libro generó toda una revolución. Otras autoras que pasaron por ahí fue Virginia Satir, otra reputada terapeuta familiar. Gregory Bateson publicaría uno de sus libros más conocidos a principios de los 70, Pasos para una Ecología de la Mente. Y Watlawick, Weakland y Fisch publicaron otro libro, esta vez no inspirado por Bateson, sino por Erickson, un gran libro, Cambio. Posteriormente vendrían otros similares: La táctica del cambio. El lenguaje del Cambio. El Arte del Cambio. En los 80 Watzlawick publicaría más libros, centrados en el trabajo de von Foerster, sobre Constructivismo, además de trabajamos más divulgativos sobre la terapia breve.

El capítulo pertenece al libro "La táctica del cambio". Para mi es el más explícito para entender su metodología de trabajo.

Inspirado en los procedimientos estratégicos e hipnóticos (entendida como proceso de comunicación capaz de generar múltiples significados)es un buen ejemplo de su manera de proceder.

A mediados de los 80 la terapia familiar sistémica evolucionó más allá de los enfoques estratégicos, tan centrados en buscar soluciones o resolver problemas, construyendo nuevas realidades. Aparecieron nuevos enfoques, más propios de filosofías postmodernas y enfoques narrativos. Sobre esto podréis leer unos textos dentro de poco, y verás lo diferente que es, como enfoque.

Los programas de habilidades sociales siempre han estado influidos por un contexto de terapia, pero para mi, en mi opinión, un enfoque muy limitado de terapia, el enfoque cognitivo-conductual. Demasiado simple. Entre otras cosas, por eso estamos abordándolo desde otras perspectivas y tradiciones, creo que son más sugerentes y aportan mucho más. Ya veremos algunos ejemplos de programas y lo entenderás (entenderéis mejor).

Lo más importante, no obstante, de este caso era volver a reflexionar acerca de la complejidad del ser humano, de cómo un fenómeno como hablar en público, o estar expuesto ante los demás, de hacer algo en un contexto de evaluación y autoevaluación, hay tantos elementos y factores en juego.

De toda la intervención, es muy interesante cómo se extiende el significado más allá del acto de desempeño en sí, para incluir las relaciones con los padres, y cómo ese acto influía en dichas relaciones. Igualmente es muy relevante la "intervención paradójica" (qué sería lo malo de tener éxito, qué problema habría), que en cierta manera era un ejemplo de la tarea que os pedí en las primeras sesions, de salir a hablar tratando de hacerlo lo peor posible. Supone ver toda la situación de manera muy diferente. Era una manera de explorar qué ocurre si se lleva a cabo lo que se teme, boicoteando el intento típico de solucionar el problema: que suele ser evitar el problema, o esforzarse por superarlo para hacerlo lo mejor posible. En encuadre, el marco de significado es aquí modificado por completo. Es eso lo que estábamos haciendo, como en el caso. Si tratas de hacerlo lo peor posible y no puedes, entonces lo haces bien, con lo que el resultado final es positivo. Y si sí puedes y lo haces fatal, está bien, dado que has cumplido con la tarea, y en cierta manera empiezas a ganar algo de control sobre ella. Es algo que se suele utilizar bastante con conductas fóbicas. Pero no es una técnica, es una manera de intervenir una vez comprendes algunos procesos que tienen lugar en el mantenimiento de la situación. Es una manera de explorar y comprobar qué ocurre si se genera otro tipo de situación. Desde ahí siempre se obtiene nueva y más información, lo que siempre viene bien.

Por eso os dí este capítulo, entre otras cosas. Dentro de poco, cuando leais los nuevos textos, también iremos más allá de este tipo de intervenciones, aunque creo que era interesante conocerlas.

Además, como se demuestra en tu narración, cada caso es único.

Ah... es interesante esto de que vayan sonando los nombres de los autores. Es como cuando de suenan los nombres de los músicos que tocan en orquestas o bandas, que puedes ir siguiéndoles la pista a lo largo de diferentes conciertos, discos, e identificar grupos, tendencias, innovaciones, herencias, tradiciones, etc... Entonces hay aún más información de fondo. Y puede ser más divertido, en cuanto a posibilidad de realizar conexiones, que es también otra habilidad muy útil, a la hora de aprender.

Si tenemos tiempo, incluiré algo de trabajo de juicios, porque es otro de los procesos fundamentales que tienen lugar, y aún no nos hemos detenido en ellos demasiado.

Gracias por compartir la historia.

Bueno, ahí va una mía.

En la carrera, siempre que iba a una conferencia, o en clase, cuando iba a hablar para preguntar algo, siempre lo pasaba fatal. El síntoma claro era una taquicardia que parecía que se me iba a salir el corazón. El problema, en mi caso, era, y tardé en darme cuenta, que lo hacía bajo la presión que yo mismo me creaba de tener que demostrar. Demostrarme a mi y a los demás que podía aportar algo, que podía hacer una pregunta aguda, ingeniosa, inteligente, que era bueno, etc... etc... Me llevó tiempo comprender el porqué de esa necesidad de demostrar. Era un hábito construido desde mi primera adolescencia. Una vez consigues ser bueno en alguien, tras múltiples fracasos de actividades donde no has destacado, es como que tenía que destacar y demostrar que seguía destacando. Además, por las notas que sacaba (que además eran conocidas por el sistema de evaluación público que se implantó esos años en la universidad)yo pensaba que los demás esperaban eso de mí. Lo que no era más que una ilusión, era sólo yo el que lo esperaba. Era una especie de proyección de mi propio egocentrismo de ese momento de mi vida. Ahora me río, pero lo pasaba muy mal. Poco a poco me fui desembarazando de esto de tener que demostrar, y desapareció el nerviosismo y la taquicardia. Eso sí, por suerte, nunca evité la situación, no lo hubiera permitido, era otro valor importante para mi. Afrontarlo, luchar por lo que quería. Me llevó tiempo. Nuestra cultura educativa fomenta muchas veces este tipo de valores competitivos, de excelencia, y es una presión importante que aleja la atención de lo más importante, disfrutar de la experiencia, disfrutar de aprender.

En tercero de carrera, la catedrática con la que empecé a colaborar en algunas investigaciones, me empezó a invitar para que fuera a hablar a estudiantes de instituto sobre la carrera de Psicología. Ahí estaba yo, como representante de los estudiantes, ante unas ciento y pico personas. Ja... qué nervioso me ponía. No sólo tenía que hablar, además tenía que ser ingenioso, creativo, seguro, etc... etc... si la situación ya era desafiante de por sí, yo mismo la incrementaba más. Fue una experiencia genial. Porque además practicaba el desarrollar ideas, no leer frases. Practicaba tener cuatro o cinco ideas clave y reflexionar sobre ellas, relacionándome con el público mientras las contaba, sin depender de un esquema, o un texto. Nunca me ha gustado leer, es una manía que tengo. Cuando leo, me desconecto de la gente y lo peor, de mi mismo. Es lo que le pasa a mucha gente con las transparencias, por ejemplo.

Bueno, me voy del tema...

Sólo era compartir algunas experiencias que evocaba mientras te leía.

Un saludo y gracias por el post

Alejandro
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