Blogia

estherrivas

¿QUÉ HACEMOS CON ESTOS NIÑOS!!!

Es compleja la adolescencia, sin embargo, a pesar de parecer excluida esta etapa del desarrollo en educación primaria, no deja de ser más que el estereotipo, cronológicamente hablando, de adolescente. Tendemos a asociar esta temible época a los 14 ó 15 años, pero parece haberse adelantado y, ya con 10-11 años, mostrar sus primeros rasgos.

He leído los casos de adolescentes y en su mayoría pertenecen a familias con un ambiente normal, salvo algún caso de progenitores separados que no tendría por qué derivar en problemas de conducta; y sin demasiadas carencias económicas. La característica que en común todos tienen es querer ser mayores antes de tiempo y, principalmente, en el caso de las niñas. Es cierto que reproducen los ejemplos que la televisión muestra de adolescente, pero los papeles los interpretan actrices mayores en edad a la de sus personajes. Sin embargo, exponemos al niño a esos programas sin un análisis de las situaciones, sin una lectura objetiva. A pesar de que no están provistos de una identidad de sí mismos definitiva porque está en proceso, les dejamos que sean analistas pasivos. Así no es de extrañar que físicamente nos llame la atención el cambio del adolescente actual respecto al de anteriores épocas.

Pero la culpa no es de la televisión, la cual no deja de tener una función para el entretenimiento. Las responsables son las circunstancias actuales dentro del núcleo familiar. Estoy de acuerdo con que los padres de hoy fueron objeto de una exigencia y una imposición de normas,  y que para sus hijos quieren más libertad de la que ellos tuvieron, pero ¿a qué precio? Los padres hacen una mala interpretación de lo que es el cariño y lo que son las necesidades reales de sus hijos. Piensan que lo acertado es regalar un móvil de última generación con la excusa de tenerles controlados o localizados. Un móvil jamás sustituirá las normas que unos padres establecen, porque son necesarias a pesar de las connotaciones negativas que tiene su significado.

La mejor herramienta es el diálogo y la confianza, y dotar a los hijos de responsabilidades realistas conformes a su edad así como proporcionar conocimientos y habilidades sociales para saber desenvolverse en su entorno y que conlleve la creación de una red de valores y principios humanos. Esto en la teoría parece muy sencillo pero el adolescente, ¿es capaz de interpretar los mensajes de sus padres, un punto de vista diferente al suyo y una percepción de esta etapa desfasada respecto a cuando ellos la vivieron como hijos?

También he de decir que en muchas ocasiones imponemos nuestro criterio basándonos en nuestras experiencias pasadas desvinculándonos de lo que ahora el adolescente está experimentando. Es decir,  estamos ante una realidad paralela pues de la misma forma que ellos tienen un pensamiento abstracto, una capacidad de empatía pero una falta de co-categorización que permita ajustar el “es” con el “podría ser” (Kegan); los adultos hacen el mismo análisis ante determinados ámbitos. Un ejemplo sería aquella situación en la que el adulto se “encabezona” con la prioridad de una acción cuando su orden no altera el producto y no existen consecuencias negativas para nadie. Actuar de esta forma supone un retroceso en el tiempo y ponerse al mismo nivel del niño sin servir como referente de persona adulta, racional y reflexiva. Es mostrar autoridad cuando tal vez la situación no la requiera, y con  la función de voz en off que recuerda al padre que es padre y no amigo. Por la experiencia que tengo como maestra, familiar, vecina… suele darse este comportamiento en padres que parten de una igualdad de roles entre padres e hijos. Si la autoridad se impone a golpe de martillo, el niño impone su punto de vista de la misma manera.

¿Y qué sucede con un cachete a su debido momento? Reconozco que esta frase la he usado con frecuencia para mostrar que no pasa nada. Que aquí estoy, y que no tengo ningún trauma severo por ello cuando ahora analizo algunas de las travesuras con las que dejé a mis padres decepcionados. Pero debe sustituirse por el diálogo, que bien practicado, resulta mucho más complejo. Aún así, hay un temor a usar un azote públicamente. Todos hemos visto a niños “montando un número” en el supermercado cuando quieren un capricho y los padres, por evitar conflictos o el finalizar tajantemente la incapacidad de razonamiento del niño y ser juzgados por los testigos de la pataleta, sucumben a sus deseos y peticiones. ¿No se tienen que producir experiencias de permanencia de un deseo frente al impulso inmediato? Este puede ser otro error que cometen los padres con sus hijos.

Otras veces se sustituye el diálogo por frases como “cuando seas mayor lo entenderás” o “cuando seas padre comerás huevos”. Dada la importancia de Vygotsky y su aportación a la enseñanza al argumentar que el niño puede aprender bajo la orientación de un adulto; ¿dónde estaría en este contexto la zona de desarrollo próximo? Los padres no tienen por qué saber psicología y por otra parte, habrá que verme a mí en el futuro; pero analizándolo fríamente, es una falta de empatía totalmente de un adulto respecto a un menor, teniendo en cuenta la carencia de visión del niño sobre las consecuencias de un hecho, o la preocupación que supone para un adulto consentir a su petición.

Nuevamente apelo al desarrollo del pensamiento y la capacidad de razonamiento del niño en oposición, en esta ocasión, a las recompensas. Frente  al “aprende a superarte día a día y por el placer de saber más” se utiliza el premio para sacar buenas notas. Me reafirmo al decir que los padres no tienen que saber psicología para educar a un hijo, pero bien que desde el sentido común emplean la teoría de Skinner. De hecho la aplican mal, lógico por otra parte,  porque ofrecen el premio antes que la acción de estudiar. Es un trato o una especie de chantaje, pues es lo mismo que decir “si no estudias mira lo que te pierdes”. Y la habituación con refuerzos así tiene el efecto contrario al que se pretende a merced de los intereses del adolescente. No me opongo a premiar una conducta positiva, pero hay que saber dosificarla y usarla sin que parezca un intercambio.

Otro aspecto es el de la confianza. Esta debe ser bidireccional pero no se trabaja partiendo de que en el periodo de adaptación de un niño en educación infantil se escucha a madres prometer a sus hijos que “hoy es el último día” o “enseguida vengo a por ti”. Luego no es de extrañar que haya niñas, principalmente, que cambian su vestuario y adornan su cara de excesivo maquillaje tras salir por la puerta.

Finalmente, el diálogo y la responsabilidad han de trabajarse de forma colaborativa en el colegio y en casa. Hemos visto con Leonor proyectos de innovación en escuelas donde el trabajo colaborativo, la toma de decisiones consensuada y aprender desde diferentes funciones o roles, favorecen la calidad de la enseñanza y del aprendizaje, pues el niño es dueño de su propio desarrollo en la vida. Sólo así aseguraremos la progresiva complejidad de la conciencia y que no se produzca un desequilibrio cuerpo (de adulto/a) y mente (que no desarrolla su identidad).

Las familias hablan de la nueva generación como si no tuvieran nada que ver con ella, en este sentido habría que recordar que la virtud de los padres es su gran dote.

LAS INNOVACIONES

Hemos comentado en clase diferentes innovaciones, algunas muy distintas entre sí. Unas eran proyectos que duraban un periodo de tiempo del curso escolar y no por ser breves dichos proyectos dejan de ser valiosos. Otras innovaciones son más rompedoras con la enseñanza tradicional de pupitre y cartilla, y muestran la cara más abierta y flexible de la enseñanza. Pero hay un aspecto con el que coinciden cada unos de estos proyectos, y es la colaboración entre los iguales y el fomento de la responsabilidad y la autonomía.

Lo que más me gusta es la flexibilidad horaria frente al encorsetado aprendizaje por asignaturas. Es experimentando como consiguen aprendizajes significativos, porque están relacionados con su proceder inmediato. Además, el hecho de que sea a través de la interacción entre ellos y los materiales permite un perfecto ajuste al ritmo y capacidad de cada alumno.

Ahora bien, un proyecto como “El duende de Els Donyets” tiene muchísimas ventajas, pero me asaltan dudas sobre el efecto de determinadas actuaciones. Posiblemente sean fruto del desconocimiento  y de la influencia de la escuela estructurada y regulada en la que trabajo.

Me llama muchísimo la atención el hecho de que se mantenga una relación de igualdad entre los maestros y los alumnos. El profesor es el experto, no sólo por conocimientos sino por experiencias acumuladas, y el alumno es un lienzo en blanco. Creo que la autoregulación está sobrevalorada porque el niño tiene que asumir normas como las que se pueden dar en el seno familiar. De hecho se viene criticando de un tiempo a esta parte que los padres no pueden ser amigos de los hijos. Cada uno representa un rol social y lo mismo ocurre en la escuela. No quiero decir que el profesor imponga constantemente lo que hay que hacer y el cómo ha de hacerse, pero partir de las mismas condiciones un adulto que un niño no soy capaz de concebirlo porque física, psicológica e históricamente no van al mismo ritmo.

Muy relacionado con lo anterior está el diálogo que se pueda llevar a cabo en los consejos. Los niños son muy impulsivos, y si hay que resolver conflictos y llegar a acuerdos, que son situaciones que generan más agitación, me parece casi utópico el que se puedan respetar los turnos de palabra. En situaciones así es donde debe adquirir protagonismo la figura del adulto. Creo que sin llegar a dirigir totalmente el debate, puede mostrar pautas para ir orientando el comportamiento social en grupos tan numerosos. Sólo hay que asistir a un comedor escolar para darse cuenta de que es difícil que por sí mismos mantengan un turno de palabra.

Otro aspecto que me llama la atención es que los niños eligen con quien jugar, trabajar, sentarse a comer… los lazos de amistad y el apego que generamos unas personas con otras puede dificultar el que un niño cambie de compañeros en función de la actividad. Me parece muy positivo que los agrupamientos no se hagan por edad cronológica, porque los niños de menor edad pueden aprender de los mayores. Vygotsky en su teoría habla de la zona de desarrollo próximo y del aprendizaje que puede obtener bajo la ayuda del grupo de iguales o de un adulto. Pero si no se promueve el ir variando de compañeros para las diferentes tareas, el apego se encargará de que no se den otras circunstancias de aprendizaje mas que las que nos resultan más cómodas, simplemente por afinidad. Incluso las facilidades que este sistema aporta para la socialización puede que no se lleven al punto más álgido que hacen de dicho sistema su seña de identidad frente a lo normativo y regulado administrativamente.

En lo que respecta a la dinámica de trabajo, permite una total adecuación al interés del niño en ese momento, generando la motivación y la actitud necesaria para que se produzca un aprendizaje significativo e instrumental. Desgraciadamente, la sociedad y el ámbito laboral ofrecen un panorama totalmente distinto. Me pregunto si unos niños que crecieron y se formaron en un entorno tan libre se adaptan e integran bien fuera de él, porque supone un cambio tan radical, que resquebraja los cimientos en los que construyeron su personalidad.

A favor de este tipo de escuelas es muy importante destacar que desarrollan todos los ámbitos del ser humano infinitamente más que en la escuela tradicional. Partiendo de la teoría de Gadner y de la concepción de que existen inteligencias múltiples, el método de trabajo potencia el desarrollo artístico y la creatividad de niño; y a mayor creatividad mejores herramientas para afrontar la inestable realidad.

Tampoco hay que confundir permitir al niño buscar su centro de interés con dejar hacer sin medida. Quizá éste sea el mayor y más erróneo estereotipo al que se enfrenta esta forma de abordar la enseñanza. Se trata de una losa que, por ignorancia o por ser un número reducido los centros que trabajan en esta línea, costará quitarse del medio. Lo que no es discutible es que se educa en el sentido más amplio del término.

Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es mas que lo que la educación hace de él” (Kant).

LA IMPORTANCIA DE LO PARTICULAR

Esta reflexión, antes de la autoevaluación, es del último texto de Hargreaves (2001) y Carbonell (2000) y quizás porque supone casi la despedida de la asignatura, me cuesta más.

Hemos trabajado mucho sobre el currículo, de dónde partimos, a dónde vamos… hemos manifestado nuestras impresiones y frustraciones respecto a cómo se concibe el currículo y su puesta en práctica. Estoy de acuerdo con Noelia respecto a que nos hemos centrado en muchas ocasiones en la parte negativa, pero creo que se debe a que los que estamos trabajando hemos sufrido desilusiones y puede que tengamos más a flor de piel las carencias que el sistema tiene, pero es verdad que en nuestra propia acción podemos encontrar la motivación que demandamos y que la frescura que las nuevas promociones tienen nos haga salir del círculo vicioso de la lamentación.

Ahora bien, compartir este sentimiento, la frustración, se sobrelleva mejor y se compensa con las inquietudes que se han generado y las ganas de mejorar.

Por curiosidad he rescatado un libro sobre didáctica general que estudié en magisterio (Didáctica General, un enfoque curricular. Marfil.1994) y he releído el capítulo “Investigación y mejora del currículo” escrito por Blázquez Entonado. Me han sorprendido los pasos que propone el autor para la realización de un proyecto o investigación. Como primer paso propone partir de las propuestas oficiales y explica “ello resulta imprescindible porque en ellas, después de trazar los principios metodológicos básicos de la etapa y justificar el sentido y el valor educativo de cada área, se presentan los objetivos generales y los bloques de contenido del área respectiva, estructurados en conceptos, procedimientos y actitudes”.

Sin lugar a dudas la concepción que tenemos ahora de innovación va mucho más lejos.

Para empezar los objetivos “no son el punto de partida”, tienen que estar implícitos, pero el origen está en lo concreto, es decir, en los alumnos, en sus necesidades de aprendizaje y en el contexto en el que conviven. Como dice el refrán pasito a pasito se hace el caminito. Así lo manifiesta Hargreaves, y es cierto que se utilizan más como gramática que como “criterio supremo”. En mi  caso y en el de la mayoría, se parte de la actividad, de la acción y de lo motivador y apropiado para nuestros alumnos.

Partir de los objetivos supondría aplicar el método deductivo, algo muy abstracto que se va desmenuzando hasta llegar a la aplicación. Este método lo concibo para áreas como la física, las matemáticas; pues son exactas y objetivas.Partir de la acción es mucho más eficaz en el ámbito de las ciencias humanas porque los seres humanos somos únicos; y específica tiene que ser toda acción vinculada a ellos.

Pero estamos en una sociedad que a pesar de ser muy heterogénea, de alguna forma nos conduce a la homogeneidad y; sino; a la clasificación. Tenemos que alcanzar o llegar a ser un estereotipo de ciudadano, y aquel que salga de la media, ya sea por exceso como por defecto, queda excluido. Así que en este sentido, los educadores luchan contracorriente si priorizan la acción a la “estandarización”.

La parte negativa del objetivo también la tiene la evaluación. Salvo en los casos en los que hay un historial académico brillante que la evaluación sirve de retroalimentación positiva, en los estudiantes de nivel medio o bajo supone frustrar el interés hacia el aprendizaje. Ya en 2º de primaria se comienza a hacer exámenes, teniendo estos en este nivel y sin experiencias de este tipo, un carácter lúdico porque los asocian a ser mayores. Desgraciadamente a partir de este momento se convierten en el motor que rige la calificación del alumno. No los desecho como procedimiento pero como se suele decir lo poco agrada y lo mucho empalaga. Reconozco que constituyen un sistema muy cómodo de valoración de un estudiante frente a diarios, entrevistas, observación sistemática y registro pormenorizado. Además eliminan todo criterio subjetivo.

Ahora bien, tengo en mi tutoría una niña que trabaja y se esfuerza muchísimo diariamente. En inglés tiene muchos problemas, pero respecto a este área no tira la toalla. Sin embargo, en los exámenes su media es muy baja.

Además la profesora le explica en el recreo, se reúne con la familia y le da pautas para trabajar en casa. Realiza agrupaciones flexibles en clase para tener otra herramienta de evaluación.

¿Qué priorizamos su proceso o el producto?

Ha sido suspendida porque esta profesora consideraba que no tenía pruebas suficientes para aprobarla.

La metodología que aplica esta maestra es muy motivadora, la niña ha disfrutado con la asignatura y ha mejorado respecto al mes de septiembre. Después de recibir el boletín de notas las expectativas de esta niña respecto a la materia serán bajísimas y la profesora se ha sentido muy frustrada por el sistema.

En mi caso, desde la nueva perspectiva que tengo, la hubiese aprobado pero reconozco que también hubiese sentido algo de culpabilidad por ser reprendida, inconscientemente, por el mismo sistema.

La evaluación no es más que una comparación: con un ranking, con otros estudiantes, de los estudiantes con los compañeros, y es que no estamos acostumbrados a asumir cómo somos y a mejorarnos respecto a nosotros mismos. Son las secuelas de un mundo competitivo donde el número frente a la cualidad tiene la hegemonía. Existe la primera potencia mundial, los países tercermundistas… Desgraciadamente superarse día a día no tiene la misma repercusión que decir “no eres el número 1”. Como en el caso de los objetivos, la evaluación debe relacionarse con lo particular. También tiene que ser sistemática, por supuesto, y debe evaluar al alumno consigo mismo, de forma cualitativa a lo largo de su aprendizaje.

Hargreaves propone trabajar en equipo desde un currículo integrado para paliar los defectos de éste por ser demasiado estructurado. Esto supone que cada profesional aporte sus conocimientos y habilidades para la mejora. Hay que tener en cuenta el número sólo para conseguir cada vez más colaboración entre la comunidad educativa, de tal forma que el profesor integre a otros compañeros, a los alumnos, a las familias, a la administración, a la sociedad, al momento histórico...

Enfocar la enseñanza formal como una estructura constituida por asignaturas cerradas supone partir de una concepción del alumno como una cocktelera, capaz de extraer el significado y la utilidad de cada campo de conocimiento y su relación con y en otros ámbitos. Implicaría una capacidad de deducción para "aplicar" lo que "aprende" para la que no está preparado, sobre todo en primaria con un pensamiento concreto.

Carbonell manifiesta que la educación no sólo es pensar, sino también sentir. Para que se produzca el cambio en la educación formal debe variar la interpretación que se hace de dicha educación, es decir, desarrollar no sólo el ámbito cognitivo porque cada vez vemos más acuciante la educación en valores.

Una receta de cocina podemos aprenderla de memoria, pero para degustar una obra maestra debemos elegir cuidadosamente los ingredientes, lo cual supondría que el profesorado no sólo tuviese la formación epistemológica suficiente sino la pedagógica y la capacidad de trabajo colaborativo; los útiles de cocina, es decir, una metodología flexible, adaptada a las necesidades de los alumnos y que sea capaz de generar interrogantes y retos a los que hallar solución; tiempo de elaboración, que supone la enseñanza de un proceso gradual; y de una valoración, pues la autoevaluación continua genera información para modificar, secuenciar, aplicar y ofrecer aquello que nuestros alumnos, selecta clientela, necesitan.

Pero en relación con la autoevaluación, ¿cómo vemos el error en la innovación? ¿Cuál es el límite temporal que condiciona continuar o desechar un proyecto?

Cuando escuché la palabra innovación me entró verdadero pánico, pues pensé que estaría a años luz de mi práctica docente. Idealicé el concepto y me parecía casi utópico. Habiendo leído algunas de las innovaciones me doy cuenta de que la innovación no es sinónimo de irrealidad sino de todo proyecto, que con la intención de mejora, quiera llevarse a cabo.

Como explica Carbonell, es más factible desde la educación no formal pero me ha generado una valentía que espero me dure mucho tiempo a lo largo de mi proceso como maestra. Y hablando de tiempo, puede que él mismo sea el factor que determina cuándo cambiar o continuar, pues algo que se prolonga demasiado pierde su carácter innovador para transformarse en normativo.

Considero que el interés es el ingrediente básico e imprescindible. El interés es libre, y no está burocratizado ni regulado por la administración. El interés puede surgir de un profesor, alguien en particular, y de ahí a los compañeros de nivel, de ciclo, de etapa, al centro, a las familias, a la sociedad…

Emerson (1803-1882), poeta estadounidense, afirmó que “toda reforma fue en un tiempo simple opinión particular” .

Las simples ganas y entusiasmo de un solo profesor pueden ser el motor y el principio del cambio.

 

EL SER SOCIAL

            El texto extraído del libro “Adolescencia y paternidad” sin duda es aleccionador y resulta muy cercano por los ejemplos que muestra, pues de una forma u otra los hemos protagonizado todos alguna vez. En la reflexión he querido mostrar mi punto de vista desde tres perspectivas. En primer lugar el ámbito social del ser humano. En segundo lugar la vida en pareja, y finalmente lo que respecta a la educación de un hijo; aspecto que habremos de tener en cuenta como educadores.           

Nadie discute que somos seres sociales, que aprendemos los unos de los otros y que el conflicto es inherente al ser humano. Respecto a la conducta social, ya en la etapa de educación infantil se educa para crear una conciencia del grupo, manifestando que responder a las necesidades individuales no es incompatible con las necesidades del resto. Ha existido siempre una tendencia a evitar el conflicto en vez de abordarlo y aprender de él para crear herramientas sociales y un nivel de autoconciencia que se adapte a las circunstancias.

El medio envía constantemente información para que el individuo acomode su conducta y sus esquemas mentales que influyen en el comportamiento social. Estamos habituados a procesar información que viene del exterior, y el exterior no lo constituyen sólo los objetos sino la relación con los demás. La diferencia que existe entre los objetos y la información social, aunque los procesos que actúan son los mismos, es que mientras la realidad inerte puede ser predecible, las personas a las que percibimos también acomodan y asimilan el mundo y por tanto, inciden sobre él. El dicho “Dios los cría y ellos se juntan” deja de tener ese carácter aleatorio de encontrar medias naranjas para ser, sencillamente, la semejante forma de interpretar lo que nos rodea.

Siguiendo con el ámbito social del ser humano, un aspecto que todavía no he citado es el concerniente a los roles sociales. El ser humano es un núcleo integrador de roles sociales (padres, hijos, esposos/as…). Cada rol influye en nuestro carácter, por tanto, a mayor coherencia entre los diferentes roles mayor estabilidad en el comportamiento, dando lugar a una personalidad más firme, ya sea en lo positivo como en lo negativo.

Consecuencia de la armonía entre los diferentes roles reflejados en los contextos en los que actúa una persona, y la influencia del ambiente en el desarrollo, hay teorías como la de VygotsKy que se interpretan como reversibles, es decir, somos moldeados por el ambiente y esto tiene ventajas desde el punto de vista clínico. Pero si el medio, desde todos los ámbitos (familia, amigos, entorno laboral…) te devuelve la misma información, es más costoso modificar el comportamiento. De ahí que ante determinados problemas de integración se tienda a huir tratando de borrar las huellas que tan fijamente han tallado los demás en el ser humano como ser social.

Desde las interpretaciones mutuas se puede ver la influencia de los demás en la percepción de nosotros mismos. Tanto es así que tras el discurrir de los años nos vemos más jóvenes a nosotros mismos que a desconocidos de la misma edad, porque con quienes nos relacionamos forman parte de nuestra vida, del pasado, y la interpretación recíproca parece haber quedado anclada en “aquellos maravillosos años”.

Después de haber expuesto las relaciones en general, abordaré la pareja como un nivel más concreto de interacción.

En la relación de pareja la dependencia es una losa que anula la personalidad de quien la practica. La confianza de verse bajo el amparo del otro crea un bienestar que, a largo plazo y practicado con frecuencia, desprovee a la persona de su capacidad de interactuar, así como de aprender para y con la vida. Es como si se desaprendiese generando desconfianza en uno mismo, una fase desde la teoría de Erikson más que superada cronológicamente en la adultez (en principio).

El síntoma de una relación saludable no es la ausencia de conflicto, sino la forma de abordarlo. Estar siempre de acuerdo es fruto de que uno de los dos ha abandonado su punto de vista para pensar desde la otra persona.

Siguiendo con la vida en pareja, en lo que respecta a compartir tiempo como aspecto esencial para la convivencia, existe una “tópico??? sobre la cantidad de divorcios que se producen tras las vacaciones, precisamente por aumentar el tiempo de exposición mutua en comparación al resto del año. No sé si es cierto. Tal vez sea un rumor o una tontería que como gracia se manifiesta para dar pie a la solidaridad entre los del mismo género para criticar a los del opuesto. He sido testigo de personas que aprovechan cuando no están con sus parejas para criticarles, y curiosamente, surge una competitividad para mostrar públicamente quién es el/la que procede de la peor forma. El objetivo es el autoensalzamiento a costa de degradar al compañero/a.

Por otra parte, el hecho de minimizar otras actividades en beneficio de la pareja es algo relativo. Si uno consiente y apoya dependientemente al dominante a costa de la individualidad, no tiene por qué ser perjudicial para la relación; en todo caso va en detrimento de uno de los dos. Se podría reducir a “dos no discuten si uno no quiere”, lo que no implica que sea malo discutir o bueno no discutir.

En lo que continúa me centraré en la educación de un hijo y en los niveles de conciencia que hasta ahora no he mencionado.Coincido con el autor en lo que respecta a las connotaciones negativas de palabras como “poder, autoridad y control”, que sin embargo son importantes para la educación de un hijo. Esta forma de proceder como padres es la que propicia seguridad en el niño, que no está desarrollado socialmente por no tener tantas experiencias. Si por el contrario es el niño quien manda en casa, esa seguridad se desvanece porque en sí el menor está carente de dicha seguridad por “no estar hecho”, con perdón de la expresión y considerando ¿terminamos alguna vez de hacernos teniendo en cuenta la constante interacción a la que estamos expuestos?

Hoy en día hay una tendencia errónea, por lo que veo en mis alumnos, y una mala forma de proceder desde la consideración de que los padres son amigos de los hijos. Unos padres son unos padres, y los amigos ya se encarga el niño de descubrirlos. Si partimos de una permisibilidad educativa sólo se aprende a exigir, incluso el bebé. Me ha hecho gracia un anuncio actual cuya canción es “todos queremos más”, y entre varios actores sale un niño que demanda más comida a pesar de estar saciado. Si lo que pedimos lo conseguimos no nos cansaremos de ganar más de lo que necesitamos.

No podemos acelerar la responsabilidad de un hijo, aunque hay culturas como la estadounidense, en las que se promueve la emancipación temprana si la comparamos con España. Actuar así puede crear la autoimagen de ser adulto cuando todavía no se es, y se puedan producir circunstancias como un embarazo no deseado de los que cada vez se dan más casos, “que no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Cada cosa a su tiempo. Pensar así me ha repercutido negativamente cuando he informado a algunas familias sobre lo prematuro de un noviazgo con 11 años y la respuesta ha sido que ellos, los padres, también se enamoraron muy jóvenes. Pero la sociedad cambia y no parece que seamos conscientes de ello. El nivel de exigencia aumenta, la competitividad está latente y si acostumbramos a nuestro hijo a la no exigencia no le estamos dando herramientas para esa adaptación.

Me ha gustado el ejemplo de la relación de Alicia y Ana para entender los grados de conciencia y cómo variamos nuestros principios en función del contexto en el que se apliquen. En el caso antes citado, el 4º orden de conciencia supone modificar unos principios en pro de fortalecer las relaciones humanas. Somos capaces de crear unas expectativas sobre lo que supondrían algunos comportamientos y, por tanto, modificar dichos principios para que las expectativas no se cumplan, sobre todo si tienen consecuencias negativas. Alicia miente u omite información a su hija para evitar perjudicar a ésta con respuestas inoportunas o deteriorar la relación que hay entre ambas. Aunque considero que hay situaciones en las que la respuesta que se requiere es tan inmediata que no podemos detenernos a analizar los pros y contras; y el camino que se toma es de la autoprotección.

Inconscientemente abrimos las puertas a mecanismos de defensa aunque suponga, por ejemplo, mentir. Estos comportamientos, supongo, que son remanentes del egocentrismo que tuvimos en un periodo de nuestro desarrollo, el preoperacional, pero llevado a un nivel mucho más complejo influido por el aprendizaje social y las consecuencias que éste tiene sobre nosotros. O tal vez no se trate de un remanente sino que pueda explicarse a través del psicoanálisis de Freud, del limite entre nuestras preferencias y los valores o relaciones sociales. Este mecanismo de autoprotección no tiene por qué tener consecuencias positivas, de hecho, si “metemos la pata” nos preguntamos “por qué hice lo que hice” cuando somos testigos del desenlace de nuestros comportamientos.

Tener cuatro órdenes de conciencia implica dar respuestas coherentes a problemas. Las expectativas y el aprendizaje de situaciones concretas hace que las relaciones entre nuestras abstracciones estén en sintonía, porque obtener una solución ante determinados contextos, genera rapidez de respuesta y la seguridad de conseguir el objetivo. Sin embargo, en nuevas circunstancias podemos acertar o errar.

Aún así los 4 órdenes de conciencia suponen un análisis minucioso de nosotros mismos, los demás y nuestros ideales que nos reafirmarán cuando las circunstancias son conocidas. Ante nuevas experiencias, los procesos psicológicos básicos en el procesamiento de la información acaparan más información que la reflexión social.

Es empleada la frase “piensa antes de actuar”, pero la inmediatez se rige prioritaria al pensamiento. Siguiendo con el símil que hace el texto sobre la transmisión automática y sincrónica, la persona acostumbrada a reflexionar se adaptará más al contexto porque habrá generado más mecanismos para intervenir que aquella que obra instintiva o cómodamente.

El conocimiento que tenemos de la realidad social está asentado como el que tenemos sobre la suma, pero mientras la suma es un procedimiento que no cambia, la realidad social está en continua transformación y, sin embargo, la construimos como algo estático. Así ocurre cuando hacemos atribuciones causales como ver en un anuncio de dentífrico a un actor con bata blanca y pensamos que es un dentista porque nos dejamos llevar por heurísticos.

También se relaciona con la inmediatez la educación que muchos padres están brindando a sus hijos porque se culpabilizan de no atenderles suficientemente. Pasan mucho tiempo fuera de casa y esto les crea tanto malestar, que al llegar optan por consentir todos los caprichos. Este sentimiento de autocastigo rápidamente es captado por los niños que no dudarán en utilizarlo para conseguir sus propósitos.

Estos padres no se detienen a analizar la falsa imagen de la realidad que están mostrando a una mente todavía virgen de experiencias sociales. Priorizan la autocomplacencia y sentirse queridos por sus hijos (ni el tercer orden de conciencia) que analizar la realidad fríamente y mostrarles el afecto con más atención. De ahí que esté de acuerdo con Miller en que hay un niño dentro de un adulto. De seguir en esta línea, si los padres tienen un niño dentro aún habiendo tenido una infancia normal, los padres del futuro tendrán una guardería.

 Aunque parezca una burla realmente es algo que me preocupa por lo que veo cada día en la escuela: defensa incondicional del niño haga lo que haga, descalificación y desprestigio del docente… Es aquí donde entra la educación para la ciudadanía. O al menos tengo esperanzas en ella. Tal vez este tipo de enseñanza se convierta en otro orden de conciencia.

EL APEGO Y PIAGET SE DAN LA MANO

Aunque la teoría del apego y la teoría de Piaget dan explicación a dos ámbitos diferentes de la persona, no debemos olvidar que no estamos hechos de piezas sino que somos un todo que integra lo intelectual, lo social y lo afectivo y, por tanto, el apego.

Los niños necesitan una relación cercana y continuada tal y como manifiesta Bowlby pero considero que esto se debe no sólo a que no ha desarrollado las suficientes estrategias sociales sino a que todavía no está preparado cognitivamente para almacenar y estructurar la información que le llega del exterior. Me refiero a la información social.

El niño siente un gran apego hacia su madre que es quien le proporciona la mayor parte de los cuidados que necesita el bebé. En el estadio sensoriomotriz el niño explora el medio a través de los sentidos. Medio que en los primeros meses es muy reducido pues las acciones del neonato son alimentarse mediante el reflejo de succión y dormir. Conforme su memoria y sus sentidos  se perfeccionan se va produciendo aprendizaje o condicionamiento clásico, pues comienza a relacionar quién le proporciona el alimento o mejor dicho, quién le mitiga el hambre, quién se preocupa de su bienestar físico y quién le aporta el afecto que necesita.

Cuando la vista se equipara a la del adulto el niño identifica a su madre. La memoria icónica le permite asociar y reconocer su entorno social más inmediato; su familia. Por tanto, si su desarrollo cognitivo se perfecciona, su relación con el mundo se amplía  y, bajo mi punto de vista, la figura principal sigue siendo la madre sin embargo, el niño siente apego hacia otras personas aunque a otro nivel de intensidad.

Llegado este punto me hago la siguiente pregunta. Si el pilar fundamental para un niño o niña en la primera infancia es la madre, ¿por qué Freud habla del complejo de Edipo para los dos géneros? En ambos casos, tanto en niños como en niñas, la comida ha sido proporcionada por la madre y esto la convierte en la mayor fuente de apego. A partir de este supuesto entiendo que el niño no quiera compartir a su madre con nadie, pero en el caso de la niña no entiendo por qué es el padre la figura por la que se genera el conflicto afectivo.

Si seguimos de la mano de Piaget llegamos al estadio preoperacional. El niño ha ido integrando el mundo en su mente, y su capacidad cognitiva condiciona la forma en la que lo percibe. Como vimos en el video el niño confunde conceptos como cantidad,  tamaño, volumen… así identifica iguales dos vasos de la misma capacidad con el mismo volumen de agua, sin embargo, al observar que el contenido de uno de ellos se cambia a un recipiente más alto le hace entender que éste último posee mayor cantidad de agua. Estos errores en la percepción de la realidad inerte supongo que serán mayores en el ámbito social por ser mucho más complejo y variable.

El niño se distingue del mundo, y el desarrollo motor y la autonomía le han ayudado a adquirir esta capacidad sin la cual el ser humano sería un caos por no discriminar los estímulos externos de los propios. Sus relaciones sociales son más numerosas, y los ambientes en los que interacciona también son más variados, lo que le condiciona en el ámbito afectivo y más concretamente en el apego. En mi opinión, si no es capaz de distinguir la capacidad de los vasos no es capaz de querer a varias personas simultáneamente si ambas están en el mismo contexto. En la familia su figura referencial sigue siendo la madre, y cuando ésta se ausenta o reprende al niño por alguna conducta su afecto lo traslada a su padre. En situaciones así el niño protesta y manifiesta que no quiere a la persona que impide su forma de actuación. Si la madre y el padre no se mantienen firmes y unidos en las decisiones que toman respecto al hijo, éste aprende a usar el chantaje emocional para obtener sus objetivos. Sólo tenemos que ver “Supernanny” para comprobar que así sucede.

En la escuela el niño rivaliza con sus compañeros por un juguete y por la atención de la profesora porque no sabe lo que es compartir. Es incapaz de ponerse en el lugar del otro, y el egocentrismo adquiere en este momento uno de los puntos más álgidos del desarrollo de una persona. El niño tampoco entiende la reversibilidad o que algunas acciones tienen consecuencias. Por esto y por algunos malos hábitos adquiridos en casa, hay niños que sufren un gran trauma en su periodo de adaptación a la escuela si las relaciones sociales se han limitado a su madre y a poca más gente. Errores como la sobreprotección suponen un costoso trabajo por parte del niño y por parte del profesional que trabaja para que el niño se integre.

Con la adquisición de otras capacidades cognitivas y las habilidades que despierta en el sujeto, Piaget presenta otro momento de vital importancia al que denomina estadio de las operaciones concretas. El niño aplica sus esquemas mentales y reestructura su mente continuamente por la cantidad de información que recibe del exterior. Del mismo modo ocurre con el apego, pues el ámbito cognitivo y social caminan juntos a lo largo del ciclo vital. El entorno le proporciona estímulos para su desarrollo intelectual, y el intelecto le permite que los estímulos puedan ser interpretados. Quién fue primero, si el huevo o la gallina no es un acertijo que podamos incluir en la teoría piagetiana pues, metafóricamente, están estrechamente unidos.

En este estadio el niño es más autónomo y explora el medio adquiriendo conocimientos y autogestionándolos a través de la manipulación directa. Interpretando los problemas del área de matemáticas, el niño necesita ejemplos concretos y una capacidad de comprensión de enunciados que requieren mucho vocabulario. Si es así, no entiendo por qué en la escuela nos empeñamos en exigir la resolución de problemas después de comprobar que la mayor parte de los alumnos los han ejecutado mal y es necesario un gran esfuerzo de traducción de todos los datos en ejemplos sencillos. Los niños parten de lo concreto aunque su pensamiento ya es reversible y descentralizado. A pesar de que la intención de Piaget era explicar el desarrollo cognitivo, su teoría ha tenido y sigue teniendo enormes repercusiones para el aprendizaje.

En lo que respecta al apego, en esta etapa es más complejo y no tan centralizado al igual que el ámbito cognitivo. Entiende que puede querer a varias personas a la vez aun no estado presentes, y éstas a su vez son queridas por otras. En el grupo de iguales no quiere a la profesora para él/ella solo/a sino que entiende que hay otros compañeros que también necesitan su ayuda. Alguna vez hay que recordárselo, de todas formas, cuando no respetan los turnos de palabra y requieren la atención del docente para ellos. Si esto se trabajase desde casa tendríamos mucho camino conseguido en lo que se refiere al apego hacia el profesor.

El apego que experimentan los niños en primaria es diferente según el género. El año pasado en psicología social estudiamos el conflicto y la resolución del mismo. Los niños son más violentos entre ellos pero los enfados les duran poco y los solucionan rápidamente. El apego se siente hacia todos por igual aunque siempre hay líderes. En el caso de las niñas, los conflictos se resuelven de una forma más pacífica y tienen más estrategias sociales por el estereotipo de juegos que se siguen practicando. Pero por lo que veo cada día en el recreo, el apego entre ellas es más intenso y exclusivo (centralizado como en un estadio anterior). Suele haber grupos más reducidos, 3 ó 4 niñas, en las que suele ser una de ellas dominante. El resto compite por ganar la amistad de la que lidera. Es frecuente la frase “me ha dejado en plantón”.  No sé si se puede generalizar, pero estas situaciones son bastante frecuentes en mi centro y fueron en mi infancia.

Finalmente en el último tramo, el de las operaciones formales, el sujeto posee un pensamiento más abstracto. Es capaz de deducir utilizando la lógica sin que sea necesario manipular para hallar el resultado.

En lo relacionado con el apego, el adolescente posee un abanico amplio de relaciones sociales y un orden de intensidad afectiva con cada una de ellas. El apego ahora se centra más en los amigos ya que estos le permiten explorar la identidad de sí mismo sin las limitaciones, unas veces pertinentes y otras no, de sus padres. Como su pensamiento es abstracto puede empatizar con las personas y es capaz de ponerse en el punto de vista del otro.

Las bases que se hayan asentado, principalmente en el núcleo familiar y luego en su escolarización, serán fundamentales en una etapa llena de conflicto e inseguridades. Haber tenido unos padres muy protectores que reprimen al niño de experimentar puede producir un apego ambivalente o evitativo. Existe una confusión en algunos padres que piensan que quieren más a sus hijos por no permitir que se caigan o se ensucien. Cuando así ocurre, les regañan o se asustan ante la caída,  generando en el niño angustia. Los niños tienen que caerse y levantarse por sí mismos. Si el adulto exagera ante algo tan insignificante, el niño; futuro adulto, se encuentra desprovisto de estrategias para salir de un problema más relevante. Si se le resta importancia a dicha caída el niño interpreta el mundo como algo más sencillo de lo que él puede tomar partido. Se garantizará en este contexto como con otras conductas, un apego seguro en el sujeto; aunque cada clasificación de apego, no teórica sino aplicada, tenga rasgos de otras. (Después de practicarme el test no sé dentro de qué tiología estoy).

Muchas son las madres que se presentan preocupadas al finalizar primaria por el paso de sus hijos al instituto. Esta preocupación, al igual que con la simple caída, genera inseguridad en el adolescente y en la mayoría de los casos se produce la profecía autocumplida. Las expectativas que tienen del instituto se confirman porque su miedo es transmitido al que, al fin y al cabo, pasa por ese tramo educativo.

Para terminar y a modo de conclusión, Piaget también tiene algo que decir en cuanto al apego y que haya centrado sus estudios en la infancia y la adolescencia no es más que un síntoma de que estas etapas tienen una importancia crucial para nuestra vida adulta. Ocurre con la cognición y ocurre con el apego pues se dan la mano y determinan nuestra forma de seguir desarrollándonos salvo que el destino nos haga cambiar.

MIEDO AL CAMBIO

Hemos visto en la clase pasada el apego, y a través de la dinámica, experimentándolo in situ separándonos de nuestro grupo de amigos y nuestro vínculo afectivo en clase, nos mostramos con otras personas con las que no solemos tener relación. Para unos ha sido una experiencia más para reflexionar con gente a la que se conoce de vista, y para otros ha sido una situación “incómoda” según el carácter, la timidez y la introversión que tenga.

Está claro que en psicología el apego se refiere a la dependencia de un niño con sus padres. Como otros procesos que se van desarrollando a lo largo del ciclo vital de una persona, el apego crece con nosotros. En la infancia la referencia son los progenitores. En la edad escolar el apego se dirige a la familia y a los profesores/as. En la adolescencia el apego está más dirigido al grupo de iguales, y en la adultez será compartido aunque jerarquizado, o al menos yo lo entiendo así. Supongo que esta etapa se podría ilustrar como una serie de círculos concéntricos en los que están las personas hacia las que existe afecto. El hecho de que existan es lo que determina nuestra estabilidad emocional y nuestra seguridad como seres sociales que somos.

A pesar de que el apego está dirigido hacia las personas lo que sí creo evidente es que también se extrapola a nuestra cotidianidad y nuestro funcionamiento en relación con el mundo. También en clase hemos estudiado a Piaget y los procesos de asimilación y acomodación. Cuando acomodamos un esquema, a través de la repetición se asimila. Por tanto, habremos creado un vínculo y un grado de seguridad con la nueva adquisición. Esta seguridad deriva en cierto apego. ¿No nos gusta más una canción que hemos escuchado mil veces que la que hemos escuchado una vez? ¿No disfrutamos repasando una lección que ya nos sabemos que otra que tenemos que comenzar a aprender?  De esto se desprende que la repetición y la frecuencia de exposición determinan el apego que sentimos hacia los seres y hacia los objetos. En consecuencia condicionará nuestro comportamiento.

Recuerdo del año pasado la clase de psicología social. Aprendimos la conducta de ayuda y el altruismo. Mis ideas previas al respecto eran que por lo general se ayuda a todo aquel que lo necesita siempre que esté en nuestras manos la solución. Pero hubo un aspecto que me llamó mucho la atención; es más probable que ayudemos a un conocido que a un desconocido aunque la ayuda sea la misma para ambos casos. De darse la circunstancia de prestar esa ayuda  cuando ambos la necesitan en el mismo momento nos decantamos por el conocido.La semejanza también es un factor, porque se repiten rasgos de esa persona en uno mismo. Se tiende a ayudar a un extraño que es del mismo país que si es extraño extranjero. Esto me preocupó porque demuestra que somos muy simples en nuestro proceder y somos manipulados por los estereotipos.Tenemos preferencia por ir a sitios conocidos que ir a investigar otros nuevos aun teniendo la certeza de que son mejores. Seguimos una trayectoria para ir a un sitio y no variamos el camino para explorar su atractivo.

En nuestra labor profesional también estamos muy encorsetados y desarrollamos una metodología efectiva hasta el momento resistiéndonos a innovar y adaptarnos a los cambios que se vienen produciendo en nuestra sociedad.Hasta nuestro refranero contempla que el apego se produce por repetición y reiteración de un estímulo, ya sean personas u otros aspectos de nuestro proceder en el mundo. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Aunque  existen distintos tipos de apegos, en el caso del apego seguro está clara la preferencia por lo cercano, lo más habitual. Pero los niños evasivos lloran ante la ausencia del conocido; los niños rebeldes, de la misma forma que dañan al conocido, se aferran a él; y los niños desorganizados son el mismo caso que el de las mujeres maltratadas que también se mencionó en la pasada sesión y con lo que estoy totalmente de acuerdo. Estas mujeres son dependientes de sus parejas a pesar de generarles daño físico y psicológico porque creen que no encontrarán algo mejor. Tienen miedo a romper ese vínculo por miedo a lo desconocido. Se resignan a su destino. Es duro pero cierto.

En conclusión, el apego sigue un patrón que es la repetición y nuestros miedos e inseguridades, en unos casos más que en otros, se producen por el apego. Quizá éste sea una clara evidencia de que el ser humano es imperfecto y que no somos tan originales como creemos porque nos parecemos en muchos comportamientos. Siendo ahora consciente de esto, trataré de vencer miedos o al menos desvincularme algo de ellos.

TEXTO DE HARGREAVES

TEXTO DE HARGREAVES

 “El horizonte educativo de la Educación Secundaria es el de promover la autonomía de los alumnos, no sólo en los aspectos cognitivos o intelectuales, sino también en su desarrollo moral y social. Esta autonomía culmina en cierto modo en la construcción de la propia identidad, en el asentamiento de un autoconcepto positivo y en la elaboración de un proyecto de vida, vinculado a valores, en el que se reflejen las preferencias de los adolescentes y también su capacidad de llevarlo a cabo. A ello ha de contribuir el currículo y toda la acción educativa, tanto la desarrollada en cada una de las áreas concretas, cuanto la ejercida a través de la tutoría y de la orientación educativa” (R. D. 1345/1991).

Existe un abismo entre las expectativas de la Educación Secundaria en relación a los alumnos y las expectativas de éstos. ¿Por qué hay un salto tan grande de 6º de Primaria a 1º de la ESO? ¿No separa sólo un curso escolar un nivel de otro? La adolescencia es un periodo muy importante en el desarrollo de un alumno. Algunos padres y profesores manifiestan que no les entienden porque esta etapa del desarrollo está acompañada de conflictos, diversidad de capacidades, de motivaciones, de estilos de aprendizaje así como la personalidad. Pero estos problemas ya los presentan muchos alumnos en 6º y seguimos dándoles la mano, ofreciendo una atención individualizada y un plan de acción tutorial realista que supone verdadera implicación.

En Educación Secundaria  esta función se dispersa y predomina el “enseñar a pensar”  relacionado con los aprendizajes escolares tradicionales desde todas las áreas partiendo de la autonomía y el razonamiento. Interpretan al alumno de esta etapa con la capacidad de pensamiento abstracto, de la resolución de problemas complejos y la elaboración de teorías. Bajo mi punto de vista no todos los alumnos de la misma edad poseen estas capacidades porque su entorno social y la etapa educativa anterior ejercen su influencia. Y en el caso de la escuela de primaria la influencia no es negativa. Ya hemos comentado en distintas ocasiones en clase que en Educación Secundaria sigue predominando un modelo curricular técnico frente al práctico que nosotros ejercemos aun anhelando uno todavía más flexible  efectivo. Nosotros secuenciamos más los contenidos, manipulamos más metodologías porque hemos recibido más formación pedagógica. El niño va avanzando en su proceso de aprendizaje y ofrecemos una enseñanza más o menos acompasada. Les motivamos y les damos retroalimentación de su evolución para favorecer su autoestima. Permanecemos más horas lectivas con el alumno y nos convertimos en una de sus figuras de apego. Tratamos de establecer una relación estrecha con las familias a las que se informa de la trayectoria del niño en el ámbito educativo.

La Educación Secundaria ha estado y está vinculada a materias de carácter instrumental y procedimental, y con las que se relaciona la capacidad de pensamiento abstracto. ¡Pero si poco antes la enseñanza era manipulativa!

Considero que ya que el desarrollo es un continuo y no un conjunto de interrupciones, esta etapa tendría que ir desarrollando en el alumno de forma progresiva el análisis de la realidad y generalización del conocimiento, y promover la reflexión y la capacidad de crítica.

 El R. D. anteriormente expuesto contempla su desarrollo social y moral, la educación en valores y en la acción educativa se llevará a cabo la orientación y la tutoría. Todo lo que cita el R. D. es una muestra de que las intenciones se quedan en el papel y no son practicadas. No se educa socialmente porque, por lo general, profesores y alumnos no se entienden mutuamente y toda relación queda reducida a una exposición de contenidos sobre la materia que no genera la participación del alumno. Si a éste último se le diese un papel activo habría un intercambio positivo de información y no se produciría una ignorancia mutua. Creo que el problema está en que se parte de la concepción errónea que establece que es imposible dialogar con un alumno a esta edad. De esto se desprende que una educación en valores todavía es más irrealizable. La orientación es más probable que se haga, pero a través de otro profesional distinto del docente. En último lugar la tutoría resulta utópica mientras el docente esté más preocupado de la disciplina que de los alumnos. Organizativamente también es complicado si no hay una referencia del adulto más allá de una hora diaria.

Hay un aspecto muy contradictorio en la educación secundaria, y es que por una parte el currículo está sobrecargado de materias y contenidos pero el horario del profesor de instituto, sin embargo deja tiempo, si lo comparamos con el horario lectivo de un maestro, para preocuparse del alumno, de cómo el adulto está enseñando y como el alumno está aprendiendo. La desmotivación, yo diría más bien la despreocupación, del profesorado de Educación Secundaria genera desmotivación en el alumno. Si esta relación es tan evidente, ¿por qué no se toman medidas? ¿Acaso no se evalúan en su práctica profesional?

Las medidas serían revisar el currículo y las disciplinas. Aumentar el tiempo lectivo de los profesores y que parte de ese tiempo se invirtiese en profundizar en las circunstancias particulares de sus alumnos y la colaboración con los padres. Esto supondría una clara oposición de este sector educativo que superficialmente analiza el por qué del fracaso escolar. Éste no consiste en un alumnado apático, tampoco sirve excusarse con el argumento de que los alumnos en esta etapa son muy difíciles y hay que ser autoritarios y ejercer la disciplina. Esta última no tendrá efecto alguno si tampoco se respeta al discente, si no se le confían responsabilidades realistas, si se les aborda desde la individualidad y no desde la colectividad.

No pueden seguir en el mismo sitio del que se partió hace décadas para la formación de las enseñanzas medias. La monotonía no puede despertar ni la atención; que además requieren unas materias y contenidos tan densos, ni la motivación. Estoy totalmente de acuerdo con Hargreaves en lo que respecta a que los buenos estudiantes están tan insatisfechos como los malos, lo único que les diferencia es que un historial académico bueno tiende a mantenerse para seguir forjando una identidad saludable de sí mismos. Ya que no reciben motivación extrínseca pocos desarrollarán la anhelada motivación intrínseca y disfrutar aprendiendo si no se acorta la distancia entre el conocimiento y las habilidades que necesitarán. Si  no se contemplan las inteligencias múltiples a las que estimular y adaptar las asignaturas solventando la hegemonía de unas sobre otras. Si no se flexibiliza la organización por departamentos y se trabaja de forma colaborativa.

Es prioritaria una coordinación horizontal con los profesionales del mismo nivel desde diferentes disciplinas, así como la coordinación vertical para conectar los diferentes tramos educativos de una forma gradual y partiendo de las experiencias del alumnado. Además estas experiencias son cada vez más complejas y se puede sacar mucho partido a la hora de plantear desafíos. Retos que el alumno pueda obtener con sus herramientas y tener la referencia  de poder alcanzarlas. Una distancia grande entre sus posibilidades y un reto supone atentar contra su autoestima y velar por lo que hoy se está haciendo. En la imaginación se puede hallar el motor que dé vida a una metodología activa y colaborativa, y un interés por desarrollarla y potenciarla en los alumnos. Si bien no todo puede conectarse con la imaginación, me refiero a contenidos que requieren memoria siendo está fundamental para nuestro funcionamiento y que no hay que dejar de ejercitar, sí puede el docente emplear dicha imaginación para presentar los contenidos de una forma atractiva.

La colaboración y la necesidad de mejora pueden ser los reactivos de esta tediosa forma de plantear la enseñanza de los ciudadanos del mañana.Estoy casi segura de que muchos de estos profesores, antaño alumnos, no recibieron estímulos para afrontar el aprendizaje, y de la forma en la que fue mostrada la enseñanza es reproducida en la actualidad.

Después de esta reflexión, creo que los profesionales que trabajan en Secundaria no pueden sentirse satisfechos. Prueba de ello son las bajas por depresión, la deshumanización de una de las actividades más humanas como es la transisión. ¿Qué es lo que les ata, les encadena? ¿Por qué hay una rivalidad disciplinar? ¿Acaso no están en el mismo bando?

Los cambios son difíciles, prueba de ello fue la última dinámica que llevamos a cabo en clase en la que se nos ofreció la posibilidad de poder imaginar y proponer una práctica mejor, pero es cierto que sin una referencia es difícil y además seguimos muy vinculados al concepto de currículo tradicional. Pero también es cierto que infantil y primaria hemos ido avanzando y adaptándonos, aunque lentamente, a unos cambios sociales. Somos una referencia en este aspecto para secundaria.

La única explicación que encuentro está en la fábula de "El elefante encadenado", que a pesar de estar atado a una pequeña estaca clavada en el suelo, se resignó a su destino.

Veremos qué pasa en el futuro. 

TEXTO DE JUAN FERNÁNDEZ SIERRA. Acción docente y opciones curriculares. II PARTE.

Quiero volver a escribir sobre el texto de Fernández Sierra porque somos personas cambiantes bajo la influencia de otras personas y contextos. Somos seres reflexivos y maduramos los pensamientos a partir de la adquisición de otros nuevos.
Esta naturaleza moldeable que tenemos los seres humanos se desarrolla en todos los ámbitos de nuestra vida, y en el caso de los maestros y profesores con mayor motivo, pues trabajamos en interacción con otros profesionales y con los alumnos. Estos últimos, a través de su comportamiento, derrochan continua información sobre su actividad de enseñanza y aprendizaje. Pero no sólo manifiestan los conocimientos y el bagaje conceptual que van adquiriendo. También nos muestran sentimientos, afectos, conflictos, logros, su experiencia vital y, por supuesto, la influencia que tienen sobre nosotros los enseñantes.
Pero siendo así, ¿por qué nos ponemos una venda en los ojos? ¿Por qué nuestra forma de enseñar ignora, a veces, que son personas, seres activos a los que hay que dar todavía la mano para seguir desarrollándose?
Estamos estudiando tres formas de entender el currículo. En primer lugar, un currículo técnico centrado en la consecución de objetivos académicos que desarrolla una metodología homogénea que no se adapta a las necesidades y expectativas de cada discente; y esta metodología va haciéndose cada vez más desfasada con los cambios sociales que se están produciendo en la actualidad. La figura del profesor bajo este enfoque es de un mero ejecutor y reproductor de la sabiduría que se ha ido forjando con el transcurrir del tiempo. Sin duda el defecto más grande que encuentro a esta forma de concebir el contexto educativo es el alarde de ciertos profesionales que parecen adquirir prestigio por el campo de conocimiento que dominan y el fracaso escolar. Interpretan de esta relación una falta de interés del alumno y se aferran a los buenos académicamente como justificación de que su forma de proceder es la correcta.
En cuanto a la figura del orientador podría decir que pone el acento en los aspectos cognitivos y en los contenidos de las áreas que aparecen en el currículo. La función del orientador es ser un instructor y un animador del aprendizaje cuyos programas de formación se centran exclusivamente en objetivos cognitivos. Desgraciadamente es el predominante en educación secundaria y su principal limitación reside en no tener en cuenta las implicaciones afectivas.
El modelo práctico es más benévolo en lo que respecta a lo anteriormente expuesto. Da un paso más allá y la figura del profesor adquiere un mayor protagonismo. Este es el encargado de proporcionar una metodología y unos contenidos más realistas y significativos desde el punto de vista de la psicología cognitiva. No importa sólo el resultado del aprendizaje sino cómo se adquiere el conocimiento.
El papel del orientador es el de construir y desarrollar significado al currículo.
Siendo sincera y admitiendo que debo a abrirme a un modelo aún más flexible, me encuentro en la ejecución de un currículo práctico. No me ciño al libro, de hecho salgo mucho de él en las áreas instrumentales; y en cuanto a la enseñanza de la música, la metodología es fruto de mi inventiva y de invertir horas en unas actividades que impliquen la continua participación del alumnado. Juego con el factor sorpresa y con el cambio, para no caer en la monotonía y, por tanto, captar su atención. También es cierto que esta asignatura facilita la innovación y la reflexión. Pero volviendo a mi labor de profesora de matemáticas y lengua, me centro en dar actividades que conecten con las ideas previas de los niños. La evaluación es continua y no me ciño a pruebas escritas, sino que también es cualitativa. Reflexiono sobre mi labor y procuro evaluarme. A veces meto la pata pero sigo y seguiré aprendiendo. A pesar de todo esto, estoy a medio camino.
Mayor ha sido la decepción conmigo misma después de la última clase con Alejandro. Estaba totalmente convencida de que conectar los nuevos conocimientos con los ya existentes era como se producía el aprendizaje y, en lo que respecta a esto último, mi labor estaba siendo acertada. Pero al estudiar a Piaget, sólo hago el primer plato de la alimentación educativa. Según Piaget la “asimilación” tiene lugar cuando los niños incorporan la nueva información a su conocimiento existente. Bajo este supuesto el alumno sigue teniendo un papel pasivo porque los contenidos, aunque relacionados, siguen siendo sumativos. Sin embargo es en la “acomodación” con la que se produce el aprendizaje ya que el niño ajusta y reestructura la información que ya posee. Así es dueño y partícipe de su propio aprendizaje. Y esa “acomodación” que la psicología cognitiva aporta, no es más que el proceso reflexivo que tiene lugar con el modelo emancipatorio. El consuelo es que al menos no desarrollo un modelo curricular técnico.
El papel del orientador se tendría que entender como una figura que proporciona respuestas a problemas y necesidades más complejas y funcionales, con conocimientos básicos y la ejecución de los mismos, y necesidades extrafuncionales, como las actitudes y comportamientos relacionados con el contexto social. Teniendo en cuenta una sociedad multicultural y multiétnica el orientador asumiría responsabilidades, planificaría su trabajo y lo desarrollaría en función de las necesidades y demandas sociales respetando las diferencias.
En general, tanto los orientadores como el profesorado, debemos ser críticos de nuestra propia actividad. La colaboración y compartir responsabilidades, necesidades y logros sería el principio a perseguir.
La maduración del texto y la dinámica que hicimos en clase al dividirnos en las tres formas de desarrollar un currículo me ha permitido hacer más accesible (conceptualmente) el tercer modelo teniendo en cuenta que en mi grupo lo estuvimos discutiendo. Aún así sigo sin verlo tangible. Aunque me quite la venda de los ojos me cuesta dar el paso. En mi caso, como supongo que el de la mayoría, es miedo a lo desconocido. El control nos da seguridad y el desconocimiento desemboca en estancamiento.
Tengo que añadir que cada vez estoy más convencida de que el modelo emancipatorio o crítico no está tan ligado a los proyectos que hasta el momento he llevado acabo en la asignatura de música a pesar de lo moldeable que es, porque han sido pequeñas innovaciones desde mi propia práctica. Me han llevado mucho tiempo y he roto con lo estandarizado. Pero, ¿dónde está la globalización que supone ese modelo? ¿Dónde está la colaboración de mis compañeros? Porque he llorado mucho, literalmente, cuando me sentía impotente y más en una disciplina tan poco valorada. Me he encontrado sola aunque nunca me he desanimado ya que veía disfrutar a los niños, que al fin y al cabo es por ellos por quienes lo hago. Por otra parte, ¿por qué tengo tanta inseguridad en hacer lo mismo en matemáticas y en lengua? Tengo mucho que mejorar. Al personal de infantil, respecto a la innovación, le ocurre lo mismo y parece una etapa educativa que se aisla, un gueto, pero creo que nadie se detiene a preguntar ¿Trabajamos juntos para mejorar el currículo y ofrecer mayor calidad de la enseñanza? El objetivo sería que el profesor, la comunidad educativa en general, diseñe unos principios para formar a futuros ciudadanos del mundo. Tal y como están organizados a día de hoy los centros de primaria y secundaria, es decir, mucho profesorado, sobrecarga curricular y, principalmente en secundaria, la pérdida de la acción tutorial, es al menos para mí una utopía. Supondría tanto cambio que hoy me parece inalcanzable aunque deseado. Eso es un primer paso.
Sí me parece factible en los CRA (centros rurales asociados) con poco alumnado y profesorado, hasta el punto de unificar en clase aún conviviendo varias edades. Otra ventaja es que como se desarrollan en pueblos con reducido número de habitantes, se conoce bien el contexto. Además se pueden derribar los muros arquitectónicos de la escuela para hacer partícipes a la comunidad educativa y crear una auténtica micro-sociedad, descendiente directa de la sociedad global en la que hallar solución a problemas.
A medida que voy atravesando por capas de este entramado curricular me siento más impotente y más inexperta. Tal vez esta sea la actitud, el inconformismo, el que conduce a los seres humanos a luchar por el cambio.